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Discusión: Aquel Mundial del 86

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    Predeterminado Aquel Mundial del 86

    Como estamos en año impar y hasta dentro de siete años no volveremos a tener un verano mundialista (Qatar 2022 se disputará en otoño/invierno, como todos sabemos), me he puesto en modo nostalgia para recordar la que fue, de algún modo, "mi" Copa del Mundo, esa que recuerdas con un cariño especial por encima de todas las demás.

    Hay una franja de edad que te hace vivir los eventos deportivos con especial intensidad. Ese período viene a ser el de la niñez tardía, el de la pre-adolescencia, cuando empiezas a dejar atrás la infancia pero todavía no has llegado a ese momento en el que otras distracciones van a cobrar mayor relevancia en tu vida. En mi caso ese período coincidió con los Juegos de Los Ángeles 1984, que son también aquellos de los que mejor recuerdo guardo (la medalla de plata del baloncesto, la semifinal contra Yugoslavia) y futbolísticamente con la Eurocopa de 1984 (subcampeones contra todo pronóstico) y, sobre todo, con el Mundial de México'86. Son recuerdos bonitos que resuenan todavía en la memoria y te hacen esbozar una sonrisa al recordar aquel lejano verano.

    El torneo empezó un sábado 31 de Mayo y terminaba en domingo 29 de Junio. En España se daba una situación singular, puesto que el Mundial de México convivía y compartía atención mediática con las Elecciones Generales, las segundas que ganaría Felipe González justo el día de la eliminación de España del certamen. Fue un Mundial abrasado por la calor, jugado de día en el país de origen y retransmitido a Europa a última hora de la tarde y madrugada.

    El primer recuerdo que viene a la mente de México 86 es la ola, conocida a raíz de aquel campeonato como la ola mexicana, aquella peculiar manera de animar desde las gradas que acabaría exportándose a los aficionados del resto del planeta igual que el confetti se copió en todo el mundo después de Argentina 1978. Futbolísticamente fue en palabras de Jorge Valdano, uno de los protagonistas del campeonato, el último mundial romántico. El nivel no fue muy allá durante la fase de grupos, dominada por lo que entonces se llamaba "fútbol especulativo", según el cual los rivales se observaban durante el primer tiempo para pasar a la acción tras el descanso. Probablemente las altas temperaturas del mediodía mexicano tuviesen algo que ver al respecto. Los equipos se habían vuelto más precavidos después de lo acontecido en España 1982, aunque ni Brasil ni Francia renunciaron a sus principios en ningún momento. El torneo se desató a partir de octavos, con duelos a muerte súbita verdaderamente espectaculares, pero también se desarrolló en cierto modo de manera anticlimática, con la eliminación paulatina de todas las selecciones que mejor fútbol habían dejado en la retina del aficionado. Unión Soviética, Dinamarca, Brasil, México en calidad de anfitriona, España y Francia se quedaron por el camino para dejar una final que, en ningún caso, definía a las mejores selecciones del momento ni a las favoritas del apasionado público mexicano, que vivió el Mundial con una intensidad como pocas para evadirse de la realidad del día a día.

    De la fase de grupos recordamos a dos grandes destapados, la Unión Soviética del gran Valery Lobanowsky, que venía de triturar al Atlético de Madrid de Luis Aragonés en la final de la Recopa de Europa con su Dynamo Kiev, base del conjunto nacional; y sobre todo Dinamarca, la Dinamita Roja, como la bautizaron los mexicanos, auténtica sensación del campeonato durante sus inicios, con un equipo menos rígido y escalonado que el de los soviéticos y en el que brillaban figuras de la talla de Morten Olsen, Soren Lerby, Jesper Olsen, Elkjaer Larsen y un jovencísimo Michael Laudrup, a quien el planeta entero descubrió en aquel verano mexicano. Con un fútbol vertiginoso, descarado, letal, los daneses fueron campeones del grupo de la muerte superando netamente a escoceses y alemanes y barriendo el suelo con los uruguayos del Príncipe Francescolli. Curiosamente soviéticos y daneses vieron su camino al triunfo cortado violentamente en octavos ante belgas y españoles, respectivamente, quienes acabarían también cruzando sus destinos.

    México'86 fue también la despedida de buena parte de los jugadores y selecciones que tanto brillaron en España'82. Una Italia envejecida sucumbía ante Francia, en un conmemorativo duelo entre los campeones del mundo y los campeones de Europa. México sería también el ocaso de la Francia de Michel Platini, y, por ende, de la selección francesa que mejor trato le ha dado a la pelota. Una selección francesa que nos dejó para el recuerdo un último partido memorable, el que disputaron a tumba abierta frente a Brasil, el otro gran damnificado del Mundial de España, en el estadio Jalisco de Guadalajara. Aquel enfrentamiento de cuartos de final figura como uno de los mejores partidos de la historia de los Mundiales, con dos selecciones que tenían la oportunidad de redimirse de su traumática eliminación del Mundial anterior haciendo lo que mejor sabían: jugando un fútbol exquisito, sin poner reparo alguno al espectáculo, un homenaje al fútbol arte, una fiesta con samba y champagne que acabó viajando a las orillas del Sena en un sábado aciago en el país mexicano. Después de que Brasil, segunda selección de todos los mexicanos tras el recuerdo que dejó la Canarinha a su paso por el país centroamericano en 1970, fuese eliminada, México iba a caer horas más tarde ante la peor selección alemana que se recordaba de la misma cruel forma: desde el punto de penalty. Francia, por su parte, reviviría en semifinales su pesadilla de cuatro años atrás al sucumbir nuevamente ante esa misma selección que empezaba a perfilar la famosa frase de Gary Lineker. Guadalajara, pues, tampoco hizo olvidar a Sevilla, y Platini, Giresse, Zico, Sócrates, decían adiós a los Mundiales definitivamente.

    Calor, período electoral, noches de fútbol, la ola mexicana, … no podemos hablar de México'86 sin referirnos a Maradona. Llegó un punto del campeonato en que el Pelusa era el centro de gravedad del mismo. Apuntó cosas en la primera fase, como un gol ante los italianos y una magistral asistencia ante los búlgaros, se descaró en octavos frente a los uruguayos, en una nueva reedición del Duelo de La Plata, pero lo que se vio y vivió a partir de cuartos frente a los ingleses no tiene parangón alguno en la historia de este deporte. Un Maradona descomunal, estratosférico, venido de otro planeta (de qué planeta viniste, Diego) se echó a toda una selección a sus espaldas para llevarla en volandas a la consumación del sueño del que ese niño argentino hablaba en la primera grabación en video que de él mismo se registra. De aquel Mundial uno guarda el privilegio de haber visto en directo, aunque fuese a través de la televisión y desde el sofá de tu casa, el segundo gol a los ingleses, el mejor gol de la historia de este deporte. Y la Mano de Dios. Y las dos maravillas ante los belgas. Y la asistencia en la final a Burruchaga para lograr el gol que valía un título. Y tantas y tantas imágenes, lances, entrevistas, celebraciones … México'86 fue, en definitiva, Diego Armando Maradona.

    ¿Y que decir de la selección española? Su paso por el país mexicano viene marcado por tres momentos, como una novela, introducción, nudo y desenlance.

    Con la vitola de subcampeones de Europa y una fase de preparación prometedora, el conjunto español disponía en sus filas de jugadores jóvenes de enorme calidad que destacaban ya en sus equipos como estrellas en ciernes. Michel y, sobre todo, Emilio Butragueño eran la gran esperanza de la afición española para borrar tantos y tantos años de derrotismo en las Copas del Mundo. El comienzo fue duro, con una derrota injusta ante Brasil, siendo víctima el equipo de un atraco a mano armada, el cometido por el colegiado australiano Bambridge quien no dio validez a un golazo de Michel desde fuera del área. El centrocampista del Real Madrid recogió con el pecho un balón cabeceado hacia atrás a la salida de un córner, empalmó una soberbia volea y el balón, tras estrellarse en el larguero, rebotó varios centímetros tras la línea de gol, efectuó una parábola y regresó al terreno de juego. El equipo, todo sea dicho, no jugó bien, mermado por las bajas provocadas por la gastroenteritis conocida como la Venganza de Moctezuma que padecieron jugadores clave, y jugando con excesivo respeto a los brasileños.

    Esta vez, sin embargo, el equipo se repuso y logró el billete a octavos con solvencia, donde esperaba Dinamarca, el auténtico coco del Mundial. Y aquí llega el segundo acto del campeonato para la selección española. Partido jugado a las 12 de la noche hora española, en plena campaña electoral, con la movida madrileña inundando las calles de la capital durante aquel caluroso verano … Servidor cursaba 7ª EBG y tenía que entregar al día siguiente unos ejercicios de Dibujo Técnico que me apresuraba a terminar hecho un manojo de nervios para ver el partido… Primera parte dubitativa en la que la selección danesa hace valer su condición de favorita, adelantándose en el marcador al convertir un penalty. Esta vez, pero, los hados están de nuestro lado, y Butragueño empata al filo del descanso al aprovechar un error de Jesper Olsen. Con los daneses tocados tras el gol encajado, España se crece tras la reanudación, y Butragueño adelanta a España al rematar de cabeza a las redes un balón cabeceado previamente por Camacho a la salida de un córner. A partir de aquí, lo que se desata es una auténtica apoteosis, una Kermesse heroica como titulaba al día siguiente el desaparecido Diario16, un carrusel de goles e ilusión en un país resignado durante décadas a penar por las pocas Copas del Mundo para las que lograba clasificarse. Una euforia colectiva impregnó a la sociedad española aquel 18 de Junio de 1986, una felicidad inocultable, una sensación de irrealidad maravillosa, que contagiaba todos los ámbitos del día a día. En plena época de exámenes, los compañeros nos mirábamos unos a otros con una sonrisa incontenible ante el folio con las pertinentes preguntas. En una época en la que las celebraciones futbolísticas no alcanzaban la magnitud de la que gozan ahora, la juventud madrileña se bañaba aquella madrugada por vez primera en la Cibeles, acción trasladada POSTERIORMENTE a los festejos de los triunfos madridistas por la vinculación de aquella victoria con los jugadores del Real Madrid, que copaban la selección en aquellos años, y especialmente con Emilio Butragueño, autor de cuatro goles frente a los daneses. El Mundial robaba protagonismo a las elecciones de 1986, José María García entrevistaba al Rey Juan Carlos aquella misma madrugada, quien felicitaba a los jugadores, gritos de “¡Oa, oa, oa, el Buitre a La Moncloa” y “¡Se nota, se siente, el Buitre presidente!” en Cibeles. Patios de colegios y parques se abarrotaban de balones y niños con la zamarra roja que gritaban los goles de sus ídolos. Pueblos y ciudades pequeñas despertaron con tracas a aquellos que prefirieron quedarse en brazos de Morfeo a vivir aquel duelo histórico en directo … todo en una borrachera de euforia contenida, tranquila, espejo de una sociedad de mediados de los ochenta que todavía no había sobredimensionado el fútbol como sucede hoy en día.

    Tras aquella apoteósica victoria por 5-1 sobre la que hasta ese momento era la mejor selección del campeonato, y con Butragueño, el héroe de Querétaro, consagrado a nivel mundial, España adquirió automáticamente la condición de favorita al título, situándola varios expertos como finalista frente a los franceses, en una reedición de la final del campeonato de Europa disputada dos años atrás en el Parque de los Príncipes.

    Pero finalmente, cinco días después, justo cuando los socialistas recibían el beneplácito de la ciudadanía de seguir gobernando durante cuatro años más, llegó la gran desilusión. Para un chaval de casi trece años rondaba cierta idea en la cabeza. Todo no podía salir tan bien como salió frente a los daneses. De ahí que los nervios fueran incluso mayores que en octavos. Había enfrente un rival a priori inferior a Dinamarca para un momento histórico, casi único, en Puebla, ciudad que decidió vestir los colores españoles y animar a la selección como Sevilla en sus mejores tiempos, después de la eliminación de México, su selección, y Brasil, su equipo del alma. Existía una sensación de que era ahora o nunca. Pero desde bien pronto se pudo constatar que aquello iba a ser difícil, mucho más difícil de lo esperado. El buen comienzo iba poco a poco apagándose hasta llegar al mazazo del gol de Bélgica. Grabada a fuego queda una segunda parte agónica, contra el crono, con el viento levantado en Puebla como anunciando una tempestad. Todas las acometidas del bravo cuadro hispano se estrellaban contra un muro llamado Jean Marie Pfaff (¡¡pfaff!!). El tiempo transcurría de manera angustiosa constatando que el gol del empate no llegaba, que aquello se nos iba … hasta seis oportunidades claras de gol generó la selección española en una segunda mitad memorable, frente a una de las mejores defensas del campeonato. Fue a la séptima, como narraba José Ángel de la Casa, cuando llegó el obús de Juan Señor, rememorando la gesta del 12-1 a Malta, que nos mantenía en el torneo a falta de cinco minutos para el tiempo reglamentario. El grito salía del alma, Víctor Muñoz se abrazaba al autor del gol medio derrumbándose, tras conseguir el premio en tan extenuante esfuerzo … pero todo fue engordar para el sacrificio. Pese a los esfuerzos del combinado español, la defensa belga se mostró intrabable y los penalties fueron inevitables, marcando esta vez el final de trayecto para la selección española en México’86. En el recuerdo, la sensación de que se había perdido una oportunidad histórica, quien sabía si irrepetible, de entrar entre los cuatro mejores del torneo, entre la élite mundial, y con la tristeza de haber fallado a una cita que hubiese figurado, a buen seguro, con letras de oro en los anales del futbol español: las semifinales del campeonato del Mundo de México’86 frente a la Argentina de Maradona en el incomparable marco del Estadio Azteca, el mismo que vio a Pelé ganar la Copa por tercera vez y vería hacerlo a Diego en su única e inolvidable ocasión. Lamentablemente, no pudo ser.

    Años después Jorge Valdano contaría que, tras consumarse la eliminación de España, la que hubiese sido su rival en semifinales, los jugadores argentinos se reunieron de manera espontánea en el hall de su concentración al grito de "campeones, campeones". En su opinión aquel joven equipo fue, hasta esa fecha, la selección española que más cerca estuvo de alcanzar la gloria.

    Todos estos conforman mis pequeños recuerdos de México’86, el que fue, por edad, el Mundial que con más intensidad viví.

    Animaos a hablar de lo que recordáis del mismo, o del vuestro, el que cada uno guarda de especial y emotivo recuerdo


























    Editado por Mirard en 20/06/2019 a las 11:10

 

 

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