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Discusión: MEMORIAS DEL BARÇA

  1. #226
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    LA VERBENA DE KUBALA


    Bosch, en el suelo, después de recibir una patada en la espalda del meta del Botafogo, Amauri. Empieza la batalla campal en la que Kubala será destacado protagonista.


    23 de Junio de 1956. Verbena de San Juan, Las Corts. Amistoso para cerrar la temporada con el Botafogo de Futebol e Regatas. Rio de Janeiro. El equipo de Manuel Francisco dos Santos conocido como Garrincha, uno de los talentos más grandes que ha generado el fútbol carioca que tiene además como compañeros a Nilton Santos y a Waldir Pereira Didí. Los tres serán campeones del mundo con Brasil en 1958 y 1962. Solo Garrincha estuvo en Las Corts aquella noche.

    Antes, Domingo Balmanya, que curiosamente estrena su ciclo como entrenador del FC Barcelona en el partido de clausura, alinea a Ramallets; Seguer, Olmedo, Gracia, Bosch, Segarra, Basora, Villaverde, Eulogio Martínez, Kubala y Tejada.

    El Botafogo sale con Amauri; Maya, Thomé, Rubens, Bob, Juvenal, Garrincha, Juan Carlos, Alarcón, Wilson y Rodrigues.

    Todo pinta bien, pero el partido acabará en el minuto 18 de la segunda parte.

    En el momento en que se desencadena la tormenta, el Botafogo gana por 0-2 con dos goles de Alarcón en los minutos 39 y 42.



    En un centro sobre la portería de los brasileños, Eulogio Martínez empuja al portero Amauri desequilibrándolo y este acaba agrediendo a Bosch, que no tenía ni arte ni parte en nada, y recibe una patada en los riñones del irascible personaje que activa una pelea multitudinaria. Angel Mur Ferrer, entonces con 16 años, estaba en Las Corts: “Se había montado en la portería del Gol Norte un cacao de cojones y mi padre (Angel Mur Navarro, masajista) salió a toda pastilla para ayudar, pero enseguida lo dejaron grogui”. (Los Mur, masajistas del Barça. Enric Bañeres, 2008).

    Bien cierto. El bueno de Angel Mur, con su toalla y su botella de agua milagrosa, salió del banquillo al sprint, pero cuando llegó a la portería del Botafogo, un impacto lo dejó sin sentido.

    “Yo salí a atender a Bosch, caído en el suelo, pero cuando llegué en medio del follón, sentí un golpe en la cara y ya no recuerdo nada más …”


    Angel Mur, entre el segundo masajista Claudio Pellejero y Estanislao Basora abandonando el terreno de juego. Y eso que era un hombre de paz.


    Nunca quedó muy claro si Angel Mur recibió un puñetazo o un botellazo, la cuestión es que fue trasladado a la Mutual, permaneciendo allí 24 horas en observación y luego, varios días en casa en reposo. Su hijo, decía que cuando le preguntaron que había pasado solo respondía: “Me han pegado un cate … ¡y a dormir!”.

    Como que llegó a circular el rumor que que Angel Mur había fallecido a consecuencia de los golpes recibidos.


    Laszy sacudiendo y Garrincha está peligrosamente cerca. De Vida Deportiva nº 562 (25/6/1956)


    A todo esto, Kubala, buscando la protección de su espalda en uno de los postes de la portería del Gol de Dalt (Gol Norte) de Las Corts, empieza a sacudir a todo lo que se mueve, transportándose a sus tiempos de boxeador en Hungría. Lo recordaba muchos años después: “Yo no iba para futbolista, iba para boxeador. Tenía un gran golpe de ataque y me pronosticaban un gran futuro. Pero también tenía un defecto: los brazos demasiado cortos. Y claro, siempre recibía”.

    No aquella noche de San Juan. Recibió muy poco y repartió abundantemente. En la gresca intervienen también los grises, porra en mano, que se llevan a comisaría a algunos jugadores brasileños, por considerarles responsables del incidente. El portero Amauri permaneció retenido 48 horas y no regresó a su país hasta el 26 de Junio. El Botafogo se fue sin cobrar dejando un recuerdo que perduró durante décadas.




    Los grises, porra en mano, con ciertos problemas. De Cròniques del Barça (1899-1992) G&A


    Hay una silueta en el suelo. Es Angel Mur. La pelea ya se ha generalizado.







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  3. #227
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    Bajo tu punto de vista, ¿dirías que la final frente al Steaua fue el punto inflexión del club? Más o menos a raíz de aquéllo vino una de las peores temporadas del club en su historia, el motín del Hesperia, la llegada del profeta ... A veces hay que tocar fondo para resurgir con toda la fuerza. En retrospectiva, ¿puede decirse que aquella noche en el Pizjuán fue el momento más importante de la historia del club?

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  5. #228
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    Citar Originalmente publicado por Mirard Ver post
    Bajo tu punto de vista, ¿dirías que la final frente al Steaua fue el punto inflexión del club? Más o menos a raíz de aquéllo vino una de las peores temporadas del club en su historia, el motín del Hesperia, la llegada del profeta ... A veces hay que tocar fondo para resurgir con toda la fuerza. En retrospectiva, ¿puede decirse que aquella noche en el Pizjuán fue el momento más importante de la historia del club?
    El Barça ha tenido tantos puntos de inflexión ... 1942, 1961, 1974, 1985 ...

    Pero este que nos ocupa, pienso se sitúa en la primavera de 1988 cuando los jugadores se amotinan y al poco, llega el profeta y lo cambia todo.

    No creo que la final de Sevilla fuera un punto de inflexión. Para mí fue sin duda el momento más duro. La herida no se cerró hasta 1992. La cicatriz durará siempre.

    2 años aún necesitamos para limpiar el vestuario de un buen número de héroes supervivientes de aquella final que encima, se permiten pedir la dimisión del presidente.

    Desde 1991, el Barça, aún con episodios de turbulencias pero que no se acercan ni de broma a los túneles de los '60 y '70, ha cambiado como un calcetín.

    Eso sí: no quiero volver a pasar por un supuesto "punto de inflexión" tipo Steaua







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  7. #229
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    LAS CORTS Y LA FINAL DE COPA DE 1923

    El 13 de Mayo de 1923, el campo de Las Corts, que ya cuenta casi con un año de vida, es escenario de la final de Copa, por aquél entonces Copa de Su Majestad el Rey Alfonso XIII. Sería la primera vez y la última, porque la construcción en 1929 del Estadio de Montjuich que triplicaba su capacidad, lo dejaba incapacitado para este tipo de acontecimientos. El que muchos años después sería estadio olímpico, fue inaugurado el 20 de Mayo de 1929 (curiosamente, el mismo día siete años después que el de Las Corts) con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona. El aforo aproximado era de 60.000 espectadores.

    A la final llegan el Athletic de Bilbao y el Club Esportiu Europa (*). Los europeístas cuentan con el mejor equipo de su historia, han conseguido el Campeonato de Catalunya y se ganan el derecho a competir en el torneo copero. La Copa de España, con la Liga aún por crearse, era el trofeo más importante. El Campeonato de Catalunya daba el pasaporte para disputarla y el Europa lo consiguió. Empatado a 17 puntos con el Barça, hizo falta un partido de desempate que se disputo en Girona en el viejo terreno de Vista Alegre (21/3/1923) con desplazamiento masivo de barcelonistas y europeístas a base de trenes especiales y que ganó el Europa por 1-0, gol del delantero Alcázar a poco de iniciarse la 2ª parte.


    Es el día del desempate Europa-Barça decisivo para el título. La foto es de la Historia del CF Barcelona de 1971, editorial LGEV.


    (*) El Europa es el tercer equipo de Barcelona. Fundado en 1907, forma parte de los 10 equipos que inauguraron la Liga en la temporada 1928-29 y disputó sus primeras tres ediciones. Además de ser finalista en la final de Copa de 1923, vivió un importante revival en 1963 cuando consiguió ascender a 2ª división, donde se mantendría por espacio de cinco temporadas hasta 1968, rozando en 1963-64 la promoción de ascenso a 1ª. Es el equipo de la barriada de Gràcia y a día de hoy se encuadra en el grupo quinto de la 3ª división.



    Un Las Corts abarrotado, genera una recaudación récord de 80.000 pesetas, algo monstruoso para la época. El partido es una completa desgracia para el Europa al que todo le sale mal: aporta el fútbol y las ocasiones pero el Athletic se proclama campeón gracias a un gol de Travieso conseguido en la primera parte.

    A raíz de esta final, circularon dos leyendas urbanas promovidas por el sector de la afición europeísta más antibarcelonista.

    La primera se refiere a la actitud del público de Las Corts que, según se aseguró en determinados círculos del equipo europeísta, apoyó en masa a los vizcaínos. Este bulo o lo que sea, ha sobrevivido hasta el día de hoy. Debe tratarse de una lamentable casualidad que esta historia la sigan sosteniendo europeístas con afinidad al Español.

    La segunda se refiere a las relaciones entre los presidentes de las dos entidades, Jaume Matas, del Europa y Hans Gamper, del Barça. Nos vamos a la página oficial del Club Esportiu Europa, sección fotos históricas, en un artículo colgado el 17/6/2008 bajo el título JOAN MATAS y HANS GAMPER, LA HISTORIA DE DOS PRESIDENTES, en el que se escribe lo siguiente:

    Dentro de la sección de fotos históricas, rescatamos una de muy significativa, sobretodo en el contexto de la época. Joan Matas, presidente del Europa y Hans Gamper, presidente del Barcelona, tenían una relación cordial ... hasta que el Europa le ganó un Campeonato de Catalunya al Barça en 1923 en Girona.

    Matas, una de los presidentes más venerados de la historia del club escapulado, considerado el más mítico de todos, impulsor del gran Europa de los años 20 y salvador de la entidad en diversas ocasiones, tenía un "secreto" bien guardado: también era socio del FC Barcelona.

    En 1923, el Europa le ganó el Campeonato de Catalunya al Barça en un partido de desempate jugado en Girona. Ese título permitía al conjunto gracienc disputar la Copa del Rey (del monarca Alfonso XIII) una cosa que a la vez, dejaba a los blaugrana fuera de esta competición.

    Gamper, cogió tal cabreo que cuando se enteró de que Matas figuraba entre la lista de socios del Barça, procedió inmediatamente a expulsarlo como asociado barcelonista. Desde entonces fue imposible repetir una foto como la que figura bajo este texto. Matas, en la izquierda y completamente de negro junto a Gamper que luce su característico bigote.



    El artículo no lo firma NADIE.

    El historiador por excelencia del Europa es Ramón Vergés i Soler. Sus trabajos y publicaciones sobre el club son absolutamente admirables. Pero le pierde su fobia hacia el FC Barcelona que en ocasiones, no controla. Es autor entre otros del libro “Historia d’ un històric. (Historia de un histórico) CE Europa 1907-2007” publicado con motivo del centenario del club. Una maravilla en datos y fotografías. Pero … si viajamos a la temporada 1922-23, en la que el Europa llega a lo más alto cuando se proclama campeón de Catalunya y se clasifica para la finalísima de la Copa del Rey eliminando al Sporting de Gijón y Sevilla, al señor Vergés se le ve el plumero.

    Textualmente, pag.40:

    “El ambiente en los graderíos de Las Corts fue indescriptible. Miles de personas pasaron la noche ante las taquillas del campo para poder ver el enfrentamiento entre el Europa y el Athletic de Bilbao. Aquella tarde, toda Gràcia (el barrio, se entiende) estaba en las Corts y también un gran número de barcelonistas que apoyaron al conjunto vasco, porque todavía no habían digerido la derrota en el Campeonato de Catalunya”.

    Con casi 90 años por en medio, la primera leyenda urbana es discutible. Tan discutible que buceando en la hemeroteca del Mundo Deportivo y rastreando la crónica de aquella final, se topa con un apartado titulado "el público", en el que se puede leer:

    "... Era natural que quisiera el triunfo de los catalanes y que les animara. En algún momento, acaso, su protesta fue excesiva e hizo aumentar los nervios de los jugadores de uno y otro bando, nervios que se traducían en violencias. En general, no fue sin embargo incorrecto y supo acoger la derrota de los favoritos con serenidad ..."

    La segunda leyenda, la que se refiere a la relación Matas-Gamper, es difícilmente creíble. Cualquiera que haya leído algo sobre el fundador del Barça, detectará que ese no era su estilo.

    El Europa, en aquellos sus años dorados llegó a superar en número de socios al Español (5.485 según la Web oficial del club) y a pelearle la hegemonía deportiva al Barça por lo civil o por lo criminal, lo que explica muchas cosas.

    El Europa se ganó en el desempate de Girona el derecho a jugar la final de la Copa de España y punto. Y lamentablemente, perdió una final que según todas las crónicas, mereció ganar de sobras. Todo lo demás, forma parte de una manipulación que -repito-, un sector bien definido de la afición europeísta, se ha empeñado en sostener incluso en pleno siglo XXI.


    Ricardo Zamora (Español) y Pepe Samitier (FC Barcelona), aterrorizados ante la amenaza del Club Esportiu Europa personalizado en su delantero centro, Manuel Cros.

    Fuentes:

    Web oficial del Club Esportiu Europa.
    Historia del Campeonato Nacional de Copa 1902-1970. Editorial EFSA.
    Historia del CF Barcelona (1971) LGEV.
    Història del Futbol Cátala. 1968. J.García Castell
    Hemeroteca MD
    Història d´un històric. CE Europa 1907-2007. Ramón Vergés i Soler







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  9. #230
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    Barcelona El último Barça que imaginó 'El Profeta' Johan Cruyff.

    El último Barça que imaginó 'El Profeta' Johan Cruyff.



    «El fútbol se mira con los ojos de Cruyff». Romário de Souza Faria.



    El último Barça que imaginó Cruyff:

    F.C.Barcelona – Vitoria de Guimaraes. Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa de la UEFA. Temporada 1995-1996. Minuto 20. Johan Cruyff sale de su banquillo, se acerca al límite del área técnica y llama a Albert Ferrer. El lateral catalán recibe las instrucciones del técnico y se las transmite a sus compañeros, aprovechando que el juego se encuentra detenido mientras a un rival lo atienden sobre el terreno de juego. Roger García, hasta entonces extremo izquierdo, pasa al interior diestro, posición que ocupaba Albert Celades y desde la cual ahora recula hasta el lateral. Ferrer, quien lo habitaba, se convierte en la pareja de Gica Popescu en el centro de la zaga, pasando el Barça del 1-3-4-3 inicial a un 1-4-3-3 sin extremos en el que Figo y Jose Mari Bakero ocupan con libertad una zona centrada por detrás de Meho Kodro.

    Decía Johan Cruyff, el hombre del “salid y disfrutad”, que antes de que empiece el partido el entrenador puede hacer poco, que a fin de cuentas no es capaz de saber qué propondrá el adversario y qué hará cada jugador, que lo realmente importante es cómo se leen los primeros minutos de partido y las resoluciones que se toman a partir de ellos para incidir sobre el juego: «Las decisiones que puedes tomar antes de un partido quedan en el aire, ya que nunca se sabe cómo te jugará el contrario. La estrategia la puedes ir aplicando sobre la marcha, después de ver durante cinco minutos lo que pasa en el partido y vas haciendo los cambios que crees más convenientes. Leer los partidos como jugador, y luego como técnico, ha sido una de mis mejores virtudes«. Podría ser que un Cruyff que entrenara hoy matizara esta afirmación. En el fútbol posterior a la Ley Bosman y a la Copa de Europa, el corto plazo impera, no es necesario pasar por el título de Liga para levantar al año siguiente La Orejona y, por regla general, los grandes aspiran a todo temporada tras temporada. Los tiempos se han recortado, el margen también, y paralelamente el poder de la figura del entrenador le ha ganado terreno al futbolista. Hay menos margen para construir desde la libertad y la inspiración, la táctica ha dejado de ser aquello de que echar mano cuando ya no hay nada más y es más fácil adivinar previamente qué propondrá un equipo. Sin ánimo de enjuiciar, es otra época.

    A caballo de las dos vivió Cruyff el curso 95-96, el que a la postre sería su último sentado en un banquillo de forma regular. Justo el verano siguiente se abriría la veda de los traspasos comunitarios y Ronaldo Nazario se convertiría en el primer gran crack mediático global, en la primera estrella de la NBA en el mundo del fútbol. Aquella, la 95-96, fue una Liga con 22 equipos y la primera en España en que las victorias valdrían 3 puntos, los entrenadores dispondrían de una tercera sustitución y los jugadores tendrían dorsales fijos. Una época de cambio. También lo fue en el Barça, que terminaba por pasar la página del Dream Team tras una temporada de más derribo que construcción motivada por la dolorosa final perdida en Atenas. En el verano de 1995, abandonaron el equipo futbolistas de la entidad de Koeman, Stoichkov, Eusebio, Begiristain y Romário, marchas que unidas a las de Zubizarreta, Laudrup o Goikoetxea un año atrás, certificaban el cambio de ciclo y el cierre del maravilloso álbum de fotos que había sido aquel equipo de ensueño.


    Kodro, Hagi, Popescu, Figo y Prosinecki. Los cinco extranjeros del F.C.Barcelona 95-96.

    Para levantar el nuevo, Johan reconstruyó la plantilla a partir de tres bloques: las «vacas sagradas», los extranjeros y los canteranos, a los que habría que sumar dos porteros suplentes -Lopetegui y Angoy-, dos futbolistas recuperados de sendas cesiones a conjuntos de Primera -Óscar García y Lluís Carreras-, Jordi Cruyff, lesionado una buena parte de la temporada, y Ángel Cuéllar, también lesionado de larga duración desde su partido de debut como futbolista culé y el único fichaje de aquel verano con pasaporte español. El bloque más numeroso, aunque sorprendentemente poco habitado, era el de los jugadores que permanecían en el equipo respecto al curso anterior. Futbolistas, en su mayoría, que deberían dar un paso al frente en cuanto a jerarquía para llenar el agujero dejado por los líderes del Dream Team, de los que ya sólo quedaba el capitán Jose Mari Bakero. Junto al 6, jugadores como Guillermo Amor, Guardiola, Carles Busquets o los cuatro defensas internacionales con la España de Javier Clemente -Ferrer, Abelardo, Nadal y Sergi- conformaban lo que por la época se conocía como “las vacas sagradas”.

    En general, no fue un año fácil para ellos. Johan les trasladó la presión y una exigencia que hasta entonces no había recaído en sus espaldas, más después de comprobar que a casi todos los fichajes extranjeros de aquel verano les faltaba capacidad para liderar. Pep Guardiola, el niño del anterior proyecto, sintió con más frecuencia de la esperada el frío del banquillo, y por ejemplo de los diez primeros partidos de Liga sólo disputó completos dos, y en cuatro participó entrando como reserva. El de Santpedor declararía más tarde al respecto: “Cuando llegué, me quitó presión para que arriesgara; me decía que la responsabilidad era de los veteranos. Pero a medida que me consolidaba eso cambiaba”. Bakero, capitán, portavoz y apagafuegos, era el único de los líderes del vestuario que mantenía su estatus, pero con 32 años se le empezaba a regular. “Se le ha pasado la edad de disfrutar. Es un jugador clave y lo tengo que dosificar”, diría de él Cruyff ese mismo mes de noviembre, y ya en pretemporada Carles Rexach, el segundo del holandés, avisaba: “Aunque futbolísticamente es un hombre que seguirá teniendo un gran valor, también realizará la función que asumió en su día Alexanko. Este año se ha ido gente muy carismática, como Koeman, Stoichkov, Txiki y Eusebio, y teníamos que mantener a dos o tres jugadores veteranos que sepan cómo funciona el equipo”. Pero sin duda, de entre los veteranos, a quién más apretó las clavijas el entrenador fue a Guillermo Amor, damnificado por un empate ante el Mérida en la segunda jornada, con muy poco protagonismo incluso en las convocatorias hasta bien entrada la temporada, y sustituido como segundo capitán del equipo tras las fiestas navideñas por un recién llegado como Popescu.

    El segundo bloque más numeroso lo formaban un grupo de esperanzadores canteranos que venían de sobresalir con el filial en Segunda División, encabezados por Roger García que ya había debutado con los mayores el año anterior. “Tendrán su papel en la temporada. En principio, la plantilla del primer equipo será corta y los jóvenes serán jugadores del B, pero habrá que seguir la evolución. La propia competición marcará su utilización” afirmaba Cruyff antes de arrancar la temporada. Futbolista de delicada zurda, buena lectura y certero en el centro y el disparo, a Roger Johan lo utilizaría mucho y por toda la banda izquierda -del lateral al extremo-, terminando la temporada como el octavo futbolista de la plantilla con más minutos. También zurdo, el mayor de La Quinta era el delantero Juan Carlos Moreno, capaz de turnarse entre el extremo y la punta, alternó más que el resto el primer equipo con el filial, y no fue el menos utilizado entre los jóvenes debido a una importante lesión que sufrió el central Quique Álvarez al poco de empezar, que lo mantendría fuera de los terrenos de juego durante varios meses. Si el mayor era Moreno, el más joven, con 18, era Toni Velamazán. Reflejo de Roger en la derecha en cuanto a posicionamiento sobre el campo y capaz, también, de jugar arriba, terminó la temporada con tres goles en once encuentros. Más protagonismo tuvo Albert Celades pese a las lesiones, interior, lateral o incluso extremo en la derecha, fue el futbolista de la plantilla con mejor porcentaje de victorias en los partidos que disputó.

    Pero sin duda, el icono de aquella generación, el futbolista que con su apodo bautizaba al grupo, era un espectacular mediapunta llamado Iván de la Peña, que jugó bastante más de lo que se cree -31 partidos en Liga, 25 de los cuales como titular- y al que le tocó vivir el estallido mediático del mundo del fútbol con apenas 19 años y mientras en el eterno rival florecía casi con su misma edad un tal Raúl González Blanco, todavía con el dorsal 17 en la espalda. Huérfana de referentes tras la salida de los cracks del Dream Team y ante las dificultades de los nuevos extranjeros para hacerse con su lugar, la afición abrazó al nuevo fenómeno desde el stage de pretemporada. En un entorno que en poco tiempo había perdido la magia de Laudrup y Romário, la visión de juego de Lo Pelat y su facilidad para encontrar el pase definitivo donde nadie más lo veía, rápidamente hicieron del canterano todo un fenómeno social. Cruyff, mientras tanto, alternaba con él palo y zanahoria, acompasando titularidades, suplencias y retornos al filial. “Si sólo se juega con una pierna no puede tenerse una técnica perfecta. Por ejemplo Ángel Mur, nuestro masajista, con 53 años juega perfectamente con las dos piernas. Un jugador de 19 años no puede aceptar jugar sólo con una pierna, tiene que aprender a jugar con las dos”.

    Sobre el campo, el entrenador holandés utilizaba a Iván en varias demarcaciones, en un recorrido que hoy podría recordar al que trazó Guardiola para Thiago Alcántara en Barcelona, y que iba del mediocentro al extremo izquierdo, pasando por los dos interiores o una mediapunta que potenciaba sus virtudes y amenazaba con acomodar sus defectos. “Últimamente muchos se quejaban de la posición en que hacía jugar a De la Peña y en la segunda parte ante el Hapoel lo coloqué en su sitio y pudo lucirse. Había que buscar un equilibrio porque lo que yo no quiero es que se suba a las nubes, pero tampoco que se hunda .Quiero prepararlo porque puede ser un jugador fabuloso los próximos diez años”. En realidad, el canterano que más cerca estuvo de ser el heredero de la posición de Bakero, fue Óscar García, el hermano de Roger. Mayor que la generación de La Quinta, ya había vivido como culé las ligas del 93 y del 94, y regresaba al equipo después de una cesión muy positiva en el Albacete de Benito Floro.


    La Quinta del Mini. De izquierda a derecha: Albert Celades, Roger García, Iván de la Peña, Toni Velamazán, Quique Álvarez y Juan Carlos Moreno.

    De protagonismo cambiante durante aquella temporada 95-96, el gran momento de La Quinta del Mini llegó en la jornada siete cuando los azulgranas visitaron el Benito Villamarín. El arranque de curso estaba siendo bueno, y de hecho el equipo se mantendría imbatido hasta la jornada diez, pero para cuando tocó citarse en el estadio verdiblanco, las bajas asolaban la delantera azulgrana. Las lesiones, una constante durante todo el año, dejaban fuera de combate a Cuéllar, Jordi, Kodro y Prosinecki, y los rumanos Hagi y Popescu eran reclamados por su selección. Con Juan Carlos Moreno y Figo como únicos delanteros naturales y una convocatoria con una media de edad de veintitrés años, aquel Baby Barça debía enfrentarse a un Betis que, dirigido por Llorenç Serra Ferrer y con futbolistas de la talla de Alfonso, Jarni, Alexis Trujillo, Pier o Stosic, todavía no conocía la derrota en lo que iba de temporada.

    Como a poco del inicio Bakero también quedó fuera por unas molestias, el once definitivo que presentó el Barça aquella noche fue el formado por Busquets, Ferrer, Nadal, Abelardo, Sergi, Carreras, Oscar, Toni Velamazán, Roger, Figo y Juan Carlos Moreno, que de entrada se organizaron según un 1-4-4-2 en rombo, con Oscar en la mediapunta y Figo y Moreno muy libres arriba. También participaron De la Peña y Celades, mientras que Guardiola y Amor fueron suplentes. Debido al poco margen de maniobra arriba y pese a que el 1-5 final parezca indicar justo lo contrario, los de Cruyff asumieron un papel más contragolpeador y sacrificado en defensa. La disciplinada presión de los dos puntas más Óscar sobre el inicio de la jugada del Betis, se aliaba con las marcas individuales que el fútbol empezaba a desterrar pero que con relativa asiduidad Cruyff todavía utilizaba. Así Lluís Carreras, comodín en la izquierda y aquel día mediocentro del equipo, se emparejó con el ex-azulgrana Óscar Arpón. El dibujo bético, otro 1-4-4-2 con rombo en mediocampo, planteaba situaciones de uno contra uno en casi todos los duelos, lo cual ante un Barça tan inexperto y poco acostumbrado a defender en campo propio, era una dificultad añadida. Además los locales, conscientes del escaso peso jerárquico en el once culé que saltó al campo, inyectaron una dosis extra de intensidad y pelea con la intención de intimidar.

    A medida que la salida del Betis iba encontrando a Alexis Trujillo, los jugadores del Barça empezaron a sufrir en los emparejamientos directos, especialmente la pareja de centrales que se las tenía que ver con Alfonso y Pier. Ante este escenario, el ajuste de Cruyff con el partido en juego consistió en convertir a Toni prácticamente en un carrilero que trabajara sobre Stosic en defensa y llegara arriba cuando su equipo recuperara, de modo que Ferrer, el lateral, quedara libre para ejercer de marcador de uno de los dos puntas rivales. Un ajuste que ya en el segundo tiempo derivó en un cambio de dibujo con el Chapi y Abelardo como centrales y Nadal ejerciendo de hombre libre mientras Sergi y Velamazán se encargaban de los carriles. Pese al empuje del conjunto verdiblanco en ataque, la respuesta del Barça a la contra amenazaba. La descarga de espaldas de Óscar para permitirle al pasador aumentar la velocidad de la combinación, la profundidad de Moreno, las llegadas de Toni y Roger y, por encima del resto, un Luis Figo que en ausencia de otros referentes se erigió en líder, llevaron mucho peligro en sus aproximaciones al área de Jaro. Desde la posición libre del portugués y del mayor de los hermanos García, encontraba la transición culé el punto de apoyo sobre el que cambiar de carril durante el contraataque, e impedir que la defensa del Betis llegara a todo. Así, el primer tanto nacía en la banda derecha y se consumaba desde la izquierda, mientras que el segundo partió de una recuperación sobre el lateral derecho bético y culminaría con un centro de Toni desde la orilla contraria a la cabeza de Figo.

    En el segundo tiempo, que empezó con el Betis reduciendo distancias y un segundo disparo de Roger a la madera, los jóvenes futbolistas del Barça, comandados por Figo, hicieron acopio de oficio y personalidad para mantener la ventaja hasta el minuto 81 de partido y para asimilar con facilidad los bailes de piezas que Cruyff ordenaba desde la zona técnica. Guardiola entró por Carreras para que el equipo movilizara balón justo cuando más se partía el Betis, que había dado entrada a Sabas -un delantero- por Jaime -el lateral derecho-. Pocos minutos después también entrarían al campo De la Peña y Celades. Éste último anotaría el 1-3, y el genial mediapunta se encargaría de servirle el cuarto a Toni y de rubricar la goleada con un disparo por toda la escuadra.

    Paradójicamente, el protagonista principal de un partido recordado como emblema de aquella generación de canteranos, no fue ninguno de ellos sino otro joven, en este caso portugués, aterrizado aquel verano en Barcelona con el reto de ocupar una de las plazas de extranjero que antes habían pertenecido a Koeman, Stoichkov, Laudrup o Romário. Con 22 años, Figo había sido el objetivo número uno de Cruyff en el mercado de fichajes, y su contratación se cerró varios meses antes de terminar la anterior temporada. Ya había sido importante en el Sporting de Lisboa y su ambición le empujaba a dar el salto a una liga y un club de mayor exigencia. Al llegar a Barcelona, Figo no era el extremo derecho que salió de la ciudad condal cinco temporadas después. Su última temporada en Portugal sí había ocupado la banda pero visitaba con frecuencia un carril central en el que el jugador afirmaba sentirse más cómodo, y un rol similar le esperaba en el Barça aunque con algo más de obediencia en la sujeción. La primera petición de Cruyff fue también la que más resultado dio dentro de una nómina de extranjeros en la que sólo repetía Gica Hagi.

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    El rumano, tan exquisito técnicamente como irregular y propenso a lesionarse, tras decepcionar en su primer año como culé, sonó para abandonar el club tanto en verano como durante los primeros meses de competición. Sin embargo, terminó la temporada como titular en una de las bandas, aunque más por descarte que por sus méritos durante el curso. Las lesiones de larga duración que a principio de campaña habían sufrido Cuéllar y Jordi dejaban el extremo izquierdo del equipo algo desnudo, y además el rendimiento de Prosinecki y Kodro había llevado a ambos a perder en la disputa de la tercera plaza de extranjero que el reglamento de entonces permitía alinear. El delantero bosnio llegó al Barça con el aval del gol y después de ser el segundo máximo realizador de la Liga en las filas de la Real Sociedad. “Si he marcado 25 goles en un club modesto como la Real, hay que esperar los mismos o más en un grande como el Barça” vaticinaba optimista el hombre que debía llenar el enorme agujero anotador que dejaban las salidas de Stoichkov, Koeman o Romário. Meho no sólo no fue suficiente, sino que se quedó muy lejos de las cifras que prometía. Nueve tantos únicamente, en una Liga en que si bien los números dicen que al equipo no le faltó gol – los 72 conseguidos fueron sólo tres menos que los que necesitó el Atlético para salir campeón, o cinco menos que los logrados por el equipo más goleador de la temporada: el Valencia de Luis Aragonés y Pedrag Mijatovic- se echó de menos la seguridad del hombre gol. A la postre, Óscar García con diez tantos fue el máximo artillero de un equipo que no contó con ningún jugador entre los 30 más goleadores de Primera.

    Meho, que ya entró con el pie izquierdo en la pretemporada fallando los tres penaltis que intentó y cuyo aire apesadumbrado contrastaba con el del anterior hombre-gol del Barça, tuvo su momento de gloria como jugador culé ante el Real Madrid. El clásico de la segunda vuelta disputado en el Camp Nou se presentaba como una de las últimas oportunidades del equipo catalán para engancharse a la Liga, segundo a once puntos del Atlético de Madrid pero con mejor calendario que los colchoneros. Los locales, sin Nadal sancionado, formaron en 1-3-4-3 con Busquets, Ferrer, Abelardo, Sergi, Popescu, Guardiola, Roger, Bakero, De la Peña, Figo y un Kodro que llegaba al encuentro tras diez jornadas consecutivas sin ver portería. El Madrid por su parte, sin Alkorta, daba entrada a Milla en la media para cerrar atrás con la pareja Hierro-Sanchis. En el tercer partido de Arsenio Iglesias en el banquillo blanco tras sustituir a Valdano con la temporada en marcha, completaban el once merengue Buyo, Chendo, Quique Sánchez Flores, Redondo, Luis Enrique, Laudrup, Raúl e Iván Zamorano. Organizados en un 1-4-2-3-1, los blancos afrontaron una inferioridad numérica en mediocampo que le otorgó la iniciativa al Barça durante el tramo inicial. Cruyff, que había vaciado la banda izquierda del ataque ante el escaso peligro ofensivo que planteaba Chendo, juntaba por dentro a Popescu, Guardiola, Bakero, De la Peña y a Figo, que alternando el costado derecho con Kodro, también sobrecargaba la zona de un Quique Sánchez Flores fuera de su demarcación ideal.

    Pese al fabuloso marcaje al hombre de Popescu sobre Michael Laudrup, las primeras ocasiones de claro peligro fueron visitantes, a lo que Johan respondió emparejando a Roger con Luis Enrique para que el canterano cubriera el carril y la velocidad de Sergi quedara liberada para sofocar cualquier fuego. Buscando despegarse, el asturiano optó por acudir a zonas más centradas, lo que dio pie a la cruyffista decisión de soltar a Sergi para que junto a Roger atacaran en un dos contra uno la posición de Chendo. Ante la inferioridad que le tocaba enfrentar al lateral blanco, finalmente Luis Enrique regresó a la orilla, con lo que Cruyff consiguió limitar el ataque rival apoyándose en el propio. Tras un primer tramo de dominio culé, el partido entró en una fase de imprecisiones a ambos lados, aunque las vigilancias individuales de Popescu y Ferrer sobre Laudrup y Raúl mantenían el peligro más próximo a la portería de Buyo que de Carles Busquets. Cuando parecía que el descanso llegaría con igualdad en el marcador, una internada por banda derecha del lateral azulgrana, era rematada por Kodro en el primer palo para adelantar al Barça.

    El segundo tiempo empezó con ventaja y cambio de guión. El Madrid iba a conceder más espacios en pos del tanto que igualara la contienda, y Cruyff movió sus piezas. Figo pasó a habitar en zona de tres cuartos, Kodro se abrió a banda derecha para buscar desde ahí la diagonal a la espalda de los centrales, y De la Peña, que durante la primera parte se había movido a su aire, quedó anclado en la izquierda, liberado de trabajo en el retorno y habilitado para recibir tras recuperación de su equipo, encarado hacia dentro potenciándole el gesto final. Fue precisamente en una contra a pies de Lo Pelat que Figo anotaría el segundo previa intervención de Guardiola. El tanto del portugués llegó cuando más y mejor apretaban los de Arsenio, que ya preparaba la entrada de Esnaider para afinar en el remate, y aunque tras el gol ingresara igualmente el argentino y tras él Míchel y Álvaro Benito, el partido ya no se le escaparía al Barça. Kodro, el héroe de la noche con un segundo tanto ya en el tiempo de descuento, completaría los noventa minutos en su noche más feliz vestido de azulgrana.

    A Meho, finalizador versátil de inteligentes movimientos y certero remate de cabeza, en verano debió acompañarle el delantero francés David Ginola, pero la operación no se pudo concretar y su lugar en la planificación fue para un Robert Prosinecki que salía por la puerta muy trasera del Real Madrid después de un decepcionante primer año y una cesión al Oviedo. En el croata Johan puso muchas esperanzas y su pretemporada invitó a ello. En el interior izquierdo cuando compartiera once con Popescu y Figo, en la posición de extremo derecho cuando la plaza de extranjero del portugués fuera para Kodro, en la mediapunta o como falso nueve, Prosinecki era la oportunidad, a coste cero, de recuperar a un futbolista que ya había sido grande antes de estrellarse en España. Con 26 años tenía la edad perfecta para hacerlo, pero desde muy pronto las lesiones le apartaron de la dinámica de competición. En su discreta hoja de servicios quedan su presentación en el Gamper y el derbi contra el Espanyol en el que seguramente fue su mejor partido en el Barça.

    Cerraba la nómina de foráneos Gica Popescu, el más desconocido para el gran público pero el número dos en la lista de deseos de Cruyff sólo por detrás de Luis Figo. Por detrás de Figo, también, fue el segundo de los extranjeros que mejor rendimiento dio. De él se esperaba el nuevo Koeman, el líbero que al mismo tiempo comandara la defensa y la salida de balón. Además, como el holandés, acreditaba un fuerte disparo a portería y había pasado por las filas del PSV Eindhoven. Sin embargo, pronto quedó claro que los planes del cuerpo técnico eran otros, y su figura sería protagonista de uno de las principales rupturas proyectadas para esa temporada: Popescu iba a ser el cuatro.


    Josep Guardiola, el 4 del Dream Team, visitó el interior derecho en varias ocasiones a lo largo de la temporada, cediendo su lugar en el esquema a Gica Popescu. En el mediocentro, el rumano suponía un extra defensivo en la marca sobre los mediapuntas rivales.

    "Los que vean a Popescu como sustituto de Ronald están muy equivocados. El juego de ambos es muy diferente y además queremos que juegue en el centro del campo y no como libre. Es un hombre que tiene llegada y un buen chut desde lejos, y queremos aprovechar su polivalencia. Es elegante con el balón en los pies, tiene visión de juego y va muy bien de cabeza. No descartamos tampoco que pueda hacer un marcaje al hombre cuando las circunstancias lo obliguen” desvelaba Rexach. Uno de los objetivos del cuerpo técnico era el de dotar al nuevo Barça de una mayor solidez en mediocampo, quién sabe si para adaptarse a los nuevos tiempos o si, simplemente, consientes de que con un proyecto tan tierno entre manos la línea de juego iba a ser más irregular, se optaba por un colchón de seguridad ante eventuales accidentes. “El nuevo Barça será un equipo más equilibrado ofensiva y defensivamente” adelantaba el entrenador antes de que el balón empezara a rodar.

    “Es un hombre de oficio, que sabe cumplir su tarea y encima acude al remate con facilidad. Poco a poco la afición le valorará, es un futbolista importante para nosotros” avisaba Johan Cruyff, “tiene una gran personalidad y dará tranquilidad al equipo cuando esté en el campo” apostillaba su segundo. El cambio, huelga decirlo, en el equipo que había hecho de su mediocentro el ojo del huracán de su juego, tenía un componente también simbólico que iba mucho más allá del simple intercambio de piezas. Pep Guardiola, emblema del 4 ideado por Cruyff en el corazón del Dream Team, empezaría la temporada como interior derecho del equipo, un movimiento que viendo lo que vendría años después, parece anticipar las medidas adoptadas por Antic o Rijkaard y despliega un abanico de interpretaciones de lo más sugerente. Lo cierto es que a mediados de los noventa, producto muy probablemente de los éxitos del Barça a principios de la década, en la Liga española el 1-4-4-2 predominante empezaba a ceder terreno ante el 1-4-2-3-1, un sistema que situaba una amenaza directa justo en la zona que defendía el mediocentro. Siendo Guardiola un futbolista no especialmente apto sin balón y su equipo un proyecto todavía incipiente como para tiranizar con él, esa podría ser una explicación a la transgresora novedad que propuso Cruyff.

    Debe puntualizarse, sin embargo, que la fórmula no se impuso del todo. Lo mejor de Pep no estaba unos metros por delante y el equipo lo seguía reclamando como centro ordenador del juego. Así pues, hacia el final de temporada las tornas ya habían cambiado, volviendo el 4 al mediocentro y Popescu a jugar en el centro de la zaga o por delante del de Santpedor, con una responsabilidad en el juego de ataque que el rumano agradeció: “Nunca tuve tanta confianza en el Barça como la que tuve con Johan. (…) Y hacía cosas que no sabía cómo las hacía. Si fuera mujer le diría ‘te quiero’ a Cruyff. El número 1, 2 y 3 es Cruyff y luego vienen los demás”. Incluso a lo largo de los meses en que se probó con este cambio de perfil en la posición del 4, era difícil el partido que se empezara y terminara con Guardiola como interior. Bien porque al cerebro le costaba encontrar constancia en sus apariciones en una zona donde hay menos espacios, bien porque Johan le devolvía la base para hacer reposar el partido con marcador a favor, bien porque ordenaba algún marcaje individual al rumano que le hacía primar el hombre a la zona y que era compensado por el catalán, a Pep su antiguo hogar no le estuvo vetado.

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    No eran extraños los marcajes mixtos en el Barça de Cruyff, y en esta temporada 1995-96 Ferrer, Abelardo, Popescu, Carreras o incluso Sergi Barjuan protagonizaron en ciertos momentos una vigilancia al hombre sobre alguno de los futbolistas más peligrosos del equipo rival. Popescu a Laudrup en el clásico de la segunda vuelta, por ejemplo, Sergi sobre Lardín o El Chiqui Benítez en el derbi barcelonés contra el Espanyol, o uno muy singular de Ferrer sobre Milinko Pantic en la derrota del Barça en el Vicente Calderón de la jornada 16. Fue uno de los momentos clave de la temporada, una de esas citas importantes a lo largo del curso en que al equipo le faltó experiencia y el puñetazo en la mesa de los futbolistas llamados a liderar. Enfrentándose el primero y el segundo de la tabla, con un sólo punto de distancia entre ambos a favor de los de Radomir Antic, el Barça afrontaba el choque con bajas importantes. Quince días antes se lesionaba Carles Busquets, una ruptura en el menisco del portero titular a la que habría que sumar las ausencias de Guardiola, Celades, Sergi, y los lesionados de larga duración Cuéllar y Jordi Cruyff.

    Sin ellos, el Barça saltó al campo con Lopetegui bajo palos y lo que, vistos los nombres, parecía un 1-4-3-3. Con el balón en juego, no obstante, la marca individual de Ferrer a Pantic dejaba al catalán prácticamente como el interior derecho del equipo debido a la tendencia central de los movimientos del yugoslavo. Por delante Velamazán era el encargado de perseguir a Toni Muñoz en caso de ser el lateral colchonero el que se internara por la banda, pero fue a la espalda de Ferrer donde desequilibró el encuentro el Atlético. Lubo Penev y sobre todo un Kiko tremendamente inspirado, castigaron la marca de Ferrer a Pantic sin que ni Abelardo ni Nadal lo leyeran. El central asturiano, además, concedería un penalti evitable en el minuto tres que ponía cuesta arriba desde el inicio un partido en el que el Barça nunca llevó la iniciativa y que sólo maquillaría Velamazán en los últimos minutos con el 3-1 final. Apenas era la segunda derrota de la temporada, pero dolió especialmente. Por ser contra el primer clasificado, por lo clara de la superioridad del, a la postre, campeón, y porque se puso al descubierto de forma cruda quizá el principal problema de aquella plantilla: la falta de una personalidad fuerte y de relevo en los liderazgos.

    Tras el partido Cruyff, que en estas no se callaba, no tuvo reparos en señalar: “Los que tienen más nombre no saben mandar (…) Con tres internacionales atrás esto no puede pasar”. Años más tarde reconocería el holandés que quizá este fuese el gran déficit de un equipo que protagonizó buenas tardes de fútbol pero que se quedó a las puertas de todo, imputándose él mismo el error a la hora de mezclar los caracteres de la plantilla con el de los nuevos fichajes.


    Meho Kodro llegó al Barça para cubrir el vacío goleador que dejaban las marchas de Stoichkov, Koeman o Romário, pero el bosnio sólo lograría marcar 9 tantos en toda la Liga.

    Sin el paso al frente de las nuevas «vacas sagradas» ni el relevo de los extranjeros, aquel Barça alternó momentos de gran fútbol con otros de zozobra general. Pese a esta irregularidad y a la falta de contrafuertes, no obstante, el equipo se las arregló para llegar vivo al tramo final de las tres competiciones gracias a una racha de seis victorias consecutivas que permitían soñar con todo. En la pelea con Atlético de Madrid y Valencia por una liga que sería rojiblanca, clasificado para la final de Copa del Rey que se jugaría también contra los colchoneros, y en las semifinales de la UEFA después de eliminar con un casi milagroso gol de Sergi al PSV Eindhoven de Nilis, Jonk, Cocu o de un joven, entonces lesionado, Ronaldo Nazário de Lima.

    El diez de abril de 1996, en la Romareda, se jugaría la final del primero de los tres títulos en disputa: la Copa del Rey. El Atlético saltó con un once de gala que se recitaba de memoria: Molina, Geli, Santi, Solozábal, Toni, Vizcaino, Simeone, Caminero, Pantic, Kiko y Penev, mientras el Barça lo hacía con Busquets, Celades, Nadal, Sergi, Guardiola, Popescu, Amor, Bakero, Figo, Hagi y Jordi. El primer tiempo fue claramente atlético hasta el minuto 35. Cruyff había organizado a los suyos según un 1-3-5-2 de laterales abiertos en el que tanto Guardiola como Popescu en defensa se sumaban a Nadal para poder defender en superioridad a los dos puntas rivales, quedando habilitados Celades y Sergi para acudir fuera y tapar la subida del lateral. Sin obligar en el retorno al delantero, pues, la estrategia posiblemente fuera lanzar a Figo, Jordi o Hagi a la espalda de Toni Muñoz y Geli, mientras por dentro un Guillermo Amor mucho más adelantado que Bakero, entraría desde segunda línea a la espalda de la defensa del Atlético de Madrid. A diez minutos del entretiempo y ya con Ferrer sobre el césped por lesión de Albert Celades, el técnico holandés ordenó un cambio de dibujo que recolocó a su equipo y equilibró el encuentro. Popescu quedó definitivamente como central junto a Nadal, lo que paradójicamente permitió al Barça tener un efectivo más en mediocampo. Con defensa de tres perdía dos, ya que el rumano y Guardiola se resituaban como zagueros, mientras que ahora, sin mover a Pep del mediocentro, contaba con cuatro.

    Tras el descanso los madrileños volverían a tomar la iniciativa, aunque en el Barça la posición más abierta de Figo a la derecha permitía tener con Jordi una referencia en la zona del nueve. De hecho fue un cabezazo del 14 que se estrelló en el travesaño lo que espoleó a los suyos e intimidó al rival, y unido esto al cambio de Roger por Bakero y, sobre todo, a la entrada de Robert Prosinecki al campo, permitió ver al Barça más cómodo de la Final en el último tramo del segundo tiempo. La inercia positiva que había dado el croata a la posesión culé se trasladó también al inicio de la prórroga, que con los tres cambios agotados empezaba con Guardiola lesionado sobre el campo. Hagi primero y Roger después tuvieron la opción de adelantar al Barça, pero fue una internada por la banda derecha de Geli la que aprovechaba el Atlético para marcar merced a un nada habitual remate de cabeza de Pantic. El primer título de la temporada volaba al Manzanares.

    Sólo seis días después, al equipo le tocaba disputar en casa la vuelta de las semifinales de la Copa de la UEFA ante el Bayern de Múnich que entrenaba Otto Rehagel. A las puertas de la final, el Barça cayó por 1-2 y fue eliminado en una noche no muy feliz para Carles Busquets. Sin embargo, en aquella eliminatoria contra el equipo alemán, el último Barça de Cruyff dejó la que para muchos fue su mejor actuación. En la ida, jugada en un nevado Estadio Olímpico de Múnich, el Barça otra vez muy mermado por las bajas, arrancó un empate a dos y numerosos elogios por el juego desplegado. Incluso de parte de su adversario. La agencia France Press diría tras el encuentro que “los catalanes hicieron más que empatar. Más que el empate a dos que encarrila la eliminatoria, es la forma de jugar que ha impresionado” y por su parte el rotativo polaco Przeglad Sportowy iría más allá asegurando que “en el primer tiempo, el Barcelona dio un concierto de maestría y arte ridiculizando incluso en más de una ocasión al equipo de Múnich”. Johan, más lacónico, lo resumiría con un «hemos jugado muy bien«.

    El viaje a Alemania estuvo marcado por las ausencias en defensa -Abelardo, Nadal y Sergi estaban sancionados- y por una sentencia de Cruyff a modo de preludio: “Si no hay defensas no puedes salir a defender”.


    Once titular del Barça en Múnich. Arriba: Amor, Busquets, Popescu, Guardiola, Óscar y Bakero. Abajo: Ferrer, Roger, Celades, Figo y Hagi.

    Albert Ferrer, el único zaguero disponible, saltó al campo infiltrado y con una fisura en el peroné, y acompañándole en defensa Popescu y Guardiola, unos dicen que tras pedir Johan a dos voluntarios, y otros que por elección directa del técnico ya que no había mucho más donde escoger. Junto a ellos y a Busquets que formaba en la portería, un rombo en mediocampo con Celades y Roger en los interiores, Amor como mediocentro y Óscar de 6 -que en el esquema de Cruyff equivalía al mediapunta-. Arriba, en la derecha Hagi, en la izquierda Figo y por el centro un Bakero con mucha tendencia a acercarse a la media y a intercambiar su posición con el mayor de los García. El Bayern, por su parte, alineaba a Kahn, Babbel, Kreuzer, Helmer, Ziege, Nerlinger, Matthäus, Herzog, Scholl, Klinsmann y Papin. Sin Hamann ni Sforza -el suizo arrastraba un proceso gripal y esperaba turno desde el banquillo-, Matthäus mezcló su rol de líbero por detrás de los dos centrales con apariciones en mediocampo para darle salida al juego de ataque muniqués. El inicio, gracias a algún desmarque de apoyo de Klinsmann que permitió la entrada de segunda línea de Papin, Scholl, Nerlinger o Herzog para firmar las primeras situaciones de peligro del encuentro, fue alemán pero ni mucho menos desbocado.

    El ímpetu local, sin embargo, duró poco, y el Barça empezó a sacudirse el dominio gracias a sus dos jugadores rumanos. Popescu, que firmó otro excelente marcaje individual en esta ocasión sobre Klinsmann, secó al por entonces vigente balón de plata y máximo goleador de la competición -la terminaría con más del doble de goles que su más inmediato perseguidor-, mientras Hagi, anclado en la derecha, era el principal apoyo que encontraban los de Cruyff para salir. Ziege, su par, defensivamente era el zaguero menos intenso del Bayern, y su tendencia a sumarse por banda al ataque que el Barça compensó con un sacrificado trabajo de Albert Celades, liberó a Hagi y lo habilitó como el hombre al que buscaban la mayoría de balones a lo largo de la primera media hora de partido. Cuando recibía el esférico, si la recepción había desplazado hacia su sector a la defensa bávara, el rumano descargaba hacia dentro donde los culés encontraban facilidades para asociarse; y si el Bayern mantenía su organización a tres carriles, esperaba la llegada lanzada de Celades para castigar la zona del lateral izquierdo que, además, no podía contar demasiado con las ayudas de Herzog por ese sector.

    Precisamente, sobre las llegadas desde atrás y las recepciones entre líneas se edificó un dominio visitantes que se prolongó y aumentó hasta llegar al descanso. Los catalanes se encontraban cómodos, fabricaban líneas de pase con fluidez y mandaban sobre el partido obligándolo a un discurso que protegía a su improvisada defensa y hurgaba en la medular del Bayern. A parte de Hagi, también recibía por dentro Figo, que aunque partiese de la banda izquierda su continuo intercambio de posiciones con Roger le permitía un goteo constante de apariciones entre líneas. Un intercambio de posiciones que a su vez pusieron en práctica Óscar y Bakero y que dejó sin referencia en la marca a los centrales alemanes, dando como resultado no pocas llegadas desde segunda línea sobre todo del canterano. En una de estas llegó el primer gol del encuentro para certificar un dominio culé que se trasladó también a la defensa salvo en los momentos en que más apareció Scholl, y que despidió el primer tiempo con los visitantes en ventaja y jugando a placer, Kahn como salvador de su equipo y una sonora pitada del público del Olímpico acompañando a los futbolistas del Bayern camino de vestuarios.

    Tanto fue así que en la reanudación el once de Otto Rehagel presentaba dos novedades ya de inicio. Sforza tomaría el lugar de Herzog en mediocampo para tratar de darle más sentido y organización al juego de ataque de su equipo, y Kreuzer, el central, dejaría su plaza a un delantero como Witeczek. Este segundo movimiento implicó una reestructuración del esquema alemán que sujetó definitivamente a Matthäus en el centro de la zaga, a Scholl en la mediapunta y que enfrentó tres atacantes a la debilitada zaga alineada por Cruyff. Los cambios surtieron efecto, y pese a la entrada de Jordi en lugar de Óscar para ganar velocidad en el desmarque a la espalda de una defensa que ahora jugaría más expuesta, y a la recolocación de Celades casi como lateral, el Bayern tardó apenas diez minutos en darle la vuelta al marcador. Un primer tanto de Witeczek y otro de Scholl tras una pérdida de Jordi en la segunda vez que la defensa lanzaba mal la línea del fuera de juego, tiraban por tierra el gran primer tiempo del Barça. La nueva disposición y la entrada de Sforza, sin duda, habían resultado claves. El suizo, desde la dirección con el balón, mejoraba mucho la calidad de los ataques del Bayern, que además y como consecuencia, desde su ingreso al campo defendía mucho mejor.

    Sin capacidad para salir y perdiendo la lucha de los balones divididos, para evitar males mayores a falta de un cuarto de hora Cruyff echó mano de Iván de la Peña, que aunque a lo largo de su carrera evolucionara en un especialista mediapunta, no hay que olvidar que por entonces venía de jugar normalmente de 4 con el filial. En su primera intervención recogió la pelota casi sobre la zona del lateral izquierdo, condujo para salir, encontró a Hagi en la derecha y como resultado de aquello el Barça logró asentar su primer ataque en campo rival después de bastantes minutos. A raíz de esta situación, como el ataque había dado tiempo a los catalanes para conquistar posiciones en campo alemán y así molestar la salida, un pase en profundidad de Hagi para Jordi que no terminó en nada, provocó que Babbel marrara un envío sencillo del que se adueñó el rumano para lograr el segundo gol del Barça. Un empate a dos fuera de casa que ponía a los culés en ventaja en la eliminatoria, pero que no supieron hacer valer para alcanzar la Final en que se enfrentarían Bayern de Múnich y Girondins de Burdeos.

    A la eliminación europea le siguió, cuatro días más tarde, la derrota como local en Liga frente al Atlético de Madrid, un tropiezo que alejaba al líder y que ayudado por la insostenible relación que Cruyff y la directiva de Josep Lluís Núñez mantenían desde hacía meses, firmaba la sentencia del técnico. La ejecución llegaría el 18 de mayo, cuando todavía quedaban por disputarse dos jornadas de Liga y con un Barça-Celta en el Camp Nou, sin Cruyff, en que el público regaló una emotiva despedida al holandés en la figura de su hijo Jordi cuando Rexach tuvo a bien sustituirlo a falta de tres minutos para el final. Un cierre abrupto a ocho años de Johan Cruyff en el banquillo del Barça, que dejaba incompleto el intento del holandés por levantar su segundo proyecto ganador en el club catalán. De lo que habría venido después, poca cosa más podemos hacer que conjeturar, pero sí disponemos de algunas aparentes certezas para hacerlo. Sabemos el diagnóstico de Cruyff hacia aquella temporada, y que con Johan las líneas maestras del mercado de fichajes se empezaban a trazar meses antes. Así, por ejemplo, su destitución no impidió que se incorporaran a la disciplina azulgrana Pizzi y Luis Enrique, atados con anterioridad y que llegaron tras finalizar sus contratos con Tenerife y Real Madrid respectivamente. Dos futbolistas internacionales con mucho carácter para cubrir el déficit de personalidad que había acusado el equipo. Es cierto, sin embargo, que con la sentencia Bosman recién implantada el siguiente verano fue especial, y que los planes de Cruyff al respecto a buen seguro habrían cambiado al poder incorporar, sin límite, a futbolistas con pasaporte comunitario.



    Aún así, todavía con la restricción de cinco extranjeros por plantilla vigente, el técnico holandés y su cuerpo técnico cerraban la contratación del veterano central Laurent Blanc, seguramente para ocupar la plaza de foráneo que con la llegada de Pizzi iba a dejar vacante Kodro. El bosnio, Hagi y Prosinecki tenían todos los números para aligerar una nómina de extranjeros en la que con toda seguridad permanecerían Figo y Popescu. Por otro lado, las dificultades para encontrarle un inquilino fiable al extremo izquierdo del esquema durante la temporada, hacían presagiar algún movimiento para la posición en verano, y con la posibilidad de contar con hasta dos plazas libres para incorporar jugadores de fuera, muchas miradas se dirigieron al extremo galés del Manchester United Ryan Giggs, por quien en Inglaterra llegaron a asegurar que existían conversaciones entre clubs y un precontrato con el jugador. Ya fuera del club, Cruyff afirmaría también haber tenido atado en el mes de enero a un joven Zinedine Zidane que despuntaba en Francia, y que tras la destitución del técnico se comprometería con la Juventus de Turín.

    Atendiendo al fracaso de Prosinecki y a las distintas posiciones que se habían barajado para el croata en el esquema culé, el nombre del francés encajaba formando parte de una lista donde también pudieron estar Rui Costa o Aron Winter -interior derecho que terminó en el Inter de Milán-. Por último, más allá de algún movimiento de menor entidad en defensa, sobre todo para el lateral, el otro gran capítulo de la planificación correspondía a la portería, un tema en el que club y entrenador iban por caminos muy distintos. Mientras la directiva negociaba con Vitor Baía desde la hipótesis de la no continuidad de Cruyff, el técnico hacía lo propio con el colchonero José Francisco Molina, guardameta que había revolucionado la Liga por su dominio con los pies, valentía en las salidas y un juego lejos de la portería que había permitido a su equipo situar la línea defensiva muy arriba. Hasta qué punto acercaron posturas Cruyff y el jugador no lo sabemos. Tampoco sus intenciones para el siguiente ejercicio respecto a la demarcación de Guardiola y Popescu, sobre las funciones de Luis Enrique o acerca del relevo de Bakero en la posición del seis. Quizá las dos últimas cuestiones tuvieran la misma respuesta.

    De todos modos, nada de eso llegó a darse. Cruyff colgó la gabardina y el Barça siguió su camino bajo la dirección de Bobby Robson. La última obra del holandés desde los banquillos quedó incompleta, una característica fastidiosa pero inherente al estilo tardío, que lo es porque no concluye. El protagonista se va dejando el final abierto, y el resto nos quedamos regocijándonos en la insinuación. En el limbo de lo que pudo haber sido.













    Fuente:

    https://eumd.es/2015/01/el-ultimo-barca-que-imagino-cruyff/

    Muy buena lectura de fútbol sobre Cruyff y el Barça de los 90's, sobre todo el artículo de "El último Barça que imaginó Johan Cruyff" de la página EUMD, de ahí he sacado todo el texto de este interesante post, al leerlo todo se me hizo tan brillante la lectura que no dudé ni un segundo de pasar todo ese escrito a este hilo de Las Memorias del Barça para compartirles este muy emocionante y apasionante relato, es un escrito de la gran página EUMD que vale muchísimo la pena leer. Además de este artículo, tiene otros escritos brutales sobre el Barça. Aquí abajo les dejo los link de la página para que le echen un ojo. Una página futbolera sobre el Barça que vale enormemente la pena visitar y darle unas buenas leídas a sus artículos, historias deportivas y lecturas obligatorias. 👌🏻

    https://eumd.es/

    Saludos a todos. 👋🏻
    Editado por Brandon en 12/08/2019 a las 05:58
    Marcar goles es como hacer el amor, todo el mundo sabe cómo se hace, pero ninguno lo hace como yo.




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    Citar Originalmente publicado por Brandon Ver post
    El último Barça que imaginó 'El Profeta' Johan Cruyff.



    «El fútbol se mira con los ojos de Cruyff». Romário de Souza Faria.



    El último Barça que imaginó Cruyff:

    F.C.Barcelona – Vitoria de Guimaraes. Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa de la UEFA. Temporada 1995-1996. Minuto 20. Johan Cruyff sale de su banquillo, se acerca al límite del área técnica y llama a Albert Ferrer. El lateral catalán recibe las instrucciones del técnico y se las transmite a sus compañeros, aprovechando que el juego se encuentra detenido mientras a un rival lo atienden sobre el terreno de juego. Roger García, hasta entonces extremo izquierdo, pasa al interior diestro, posición que ocupaba Albert Celades y desde la cual ahora recula hasta el lateral. Ferrer, quien lo habitaba, se convierte en la pareja de Gica Popescu en el centro de la zaga, pasando el Barça del 1-3-4-3 inicial a un 1-4-3-3 sin extremos en el que Figo y Jose Mari Bakero ocupan con libertad una zona centrada por detrás de Meho Kodro.

    Decía Johan Cruyff, el hombre del “salid y disfrutad”, que antes de que empiece el partido el entrenador puede hacer poco, que a fin de cuentas no es capaz de saber qué propondrá el adversario y qué hará cada jugador, que lo realmente importante es cómo se leen los primeros minutos de partido y las resoluciones que se toman a partir de ellos para incidir sobre el juego: «Las decisiones que puedes tomar antes de un partido quedan en el aire, ya que nunca se sabe cómo te jugará el contrario. La estrategia la puedes ir aplicando sobre la marcha, después de ver durante cinco minutos lo que pasa en el partido y vas haciendo los cambios que crees más convenientes. Leer los partidos como jugador, y luego como técnico, ha sido una de mis mejores virtudes«. Podría ser que un Cruyff que entrenara hoy matizara esta afirmación. En el fútbol posterior a la Ley Bosman y a la Copa de Europa, el corto plazo impera, no es necesario pasar por el título de Liga para levantar al año siguiente La Orejona y, por regla general, los grandes aspiran a todo temporada tras temporada. Los tiempos se han recortado, el margen también, y paralelamente el poder de la figura del entrenador le ha ganado terreno al futbolista. Hay menos margen para construir desde la libertad y la inspiración, la táctica ha dejado de ser aquello de que echar mano cuando ya no hay nada más y es más fácil adivinar previamente qué propondrá un equipo. Sin ánimo de enjuiciar, es otra época.

    A caballo de las dos vivió Cruyff el curso 95-96, el que a la postre sería su último sentado en un banquillo de forma regular. Justo el verano siguiente se abriría la veda de los traspasos comunitarios y Ronaldo Nazario se convertiría en el primer gran crack mediático global, en la primera estrella de la NBA en el mundo del fútbol. Aquella, la 95-96, fue una Liga con 22 equipos y la primera en España en que las victorias valdrían 3 puntos, los entrenadores dispondrían de una tercera sustitución y los jugadores tendrían dorsales fijos. Una época de cambio. También lo fue en el Barça, que terminaba por pasar la página del Dream Team tras una temporada de más derribo que construcción motivada por la dolorosa final perdida en Atenas. En el verano de 1995, abandonaron el equipo futbolistas de la entidad de Koeman, Stoichkov, Eusebio, Begiristain y Romário, marchas que unidas a las de Zubizarreta, Laudrup o Goikoetxea un año atrás, certificaban el cambio de ciclo y el cierre del maravilloso álbum de fotos que había sido aquel equipo de ensueño.


    Kodro, Hagi, Popescu, Figo y Prosinecki. Los cinco extranjeros del F.C.Barcelona 95-96.

    Para levantar el nuevo, Johan reconstruyó la plantilla a partir de tres bloques: las «vacas sagradas», los extranjeros y los canteranos, a los que habría que sumar dos porteros suplentes -Lopetegui y Angoy-, dos futbolistas recuperados de sendas cesiones a conjuntos de Primera -Óscar García y Lluís Carreras-, Jordi Cruyff, lesionado una buena parte de la temporada, y Ángel Cuéllar, también lesionado de larga duración desde su partido de debut como futbolista culé y el único fichaje de aquel verano con pasaporte español. El bloque más numeroso, aunque sorprendentemente poco habitado, era el de los jugadores que permanecían en el equipo respecto al curso anterior. Futbolistas, en su mayoría, que deberían dar un paso al frente en cuanto a jerarquía para llenar el agujero dejado por los líderes del Dream Team, de los que ya sólo quedaba el capitán Jose Mari Bakero. Junto al 6, jugadores como Guillermo Amor, Guardiola, Carles Busquets o los cuatro defensas internacionales con la España de Javier Clemente -Ferrer, Abelardo, Nadal y Sergi- conformaban lo que por la época se conocía como “las vacas sagradas”.

    En general, no fue un año fácil para ellos. Johan les trasladó la presión y una exigencia que hasta entonces no había recaído en sus espaldas, más después de comprobar que a casi todos los fichajes extranjeros de aquel verano les faltaba capacidad para liderar. Pep Guardiola, el niño del anterior proyecto, sintió con más frecuencia de la esperada el frío del banquillo, y por ejemplo de los diez primeros partidos de Liga sólo disputó completos dos, y en cuatro participó entrando como reserva. El de Santpedor declararía más tarde al respecto: “Cuando llegué, me quitó presión para que arriesgara; me decía que la responsabilidad era de los veteranos. Pero a medida que me consolidaba eso cambiaba”. Bakero, capitán, portavoz y apagafuegos, era el único de los líderes del vestuario que mantenía su estatus, pero con 32 años se le empezaba a regular. “Se le ha pasado la edad de disfrutar. Es un jugador clave y lo tengo que dosificar”, diría de él Cruyff ese mismo mes de noviembre, y ya en pretemporada Carles Rexach, el segundo del holandés, avisaba: “Aunque futbolísticamente es un hombre que seguirá teniendo un gran valor, también realizará la función que asumió en su día Alexanko. Este año se ha ido gente muy carismática, como Koeman, Stoichkov, Txiki y Eusebio, y teníamos que mantener a dos o tres jugadores veteranos que sepan cómo funciona el equipo”. Pero sin duda, de entre los veteranos, a quién más apretó las clavijas el entrenador fue a Guillermo Amor, damnificado por un empate ante el Mérida en la segunda jornada, con muy poco protagonismo incluso en las convocatorias hasta bien entrada la temporada, y sustituido como segundo capitán del equipo tras las fiestas navideñas por un recién llegado como Popescu.

    El segundo bloque más numeroso lo formaban un grupo de esperanzadores canteranos que venían de sobresalir con el filial en Segunda División, encabezados por Roger García que ya había debutado con los mayores el año anterior. “Tendrán su papel en la temporada. En principio, la plantilla del primer equipo será corta y los jóvenes serán jugadores del B, pero habrá que seguir la evolución. La propia competición marcará su utilización” afirmaba Cruyff antes de arrancar la temporada. Futbolista de delicada zurda, buena lectura y certero en el centro y el disparo, a Roger Johan lo utilizaría mucho y por toda la banda izquierda -del lateral al extremo-, terminando la temporada como el octavo futbolista de la plantilla con más minutos. También zurdo, el mayor de La Quinta era el delantero Juan Carlos Moreno, capaz de turnarse entre el extremo y la punta, alternó más que el resto el primer equipo con el filial, y no fue el menos utilizado entre los jóvenes debido a una importante lesión que sufrió el central Quique Álvarez al poco de empezar, que lo mantendría fuera de los terrenos de juego durante varios meses. Si el mayor era Moreno, el más joven, con 18, era Toni Velamazán. Reflejo de Roger en la derecha en cuanto a posicionamiento sobre el campo y capaz, también, de jugar arriba, terminó la temporada con tres goles en once encuentros. Más protagonismo tuvo Albert Celades pese a las lesiones, interior, lateral o incluso extremo en la derecha, fue el futbolista de la plantilla con mejor porcentaje de victorias en los partidos que disputó.

    Pero sin duda, el icono de aquella generación, el futbolista que con su apodo bautizaba al grupo, era un espectacular mediapunta llamado Iván de la Peña, que jugó bastante más de lo que se cree -31 partidos en Liga, 25 de los cuales como titular- y al que le tocó vivir el estallido mediático del mundo del fútbol con apenas 19 años y mientras en el eterno rival florecía casi con su misma edad un tal Raúl González Blanco, todavía con el dorsal 17 en la espalda. Huérfana de referentes tras la salida de los cracks del Dream Team y ante las dificultades de los nuevos extranjeros para hacerse con su lugar, la afición abrazó al nuevo fenómeno desde el stage de pretemporada. En un entorno que en poco tiempo había perdido la magia de Laudrup y Romário, la visión de juego de Lo Pelat y su facilidad para encontrar el pase definitivo donde nadie más lo veía, rápidamente hicieron del canterano todo un fenómeno social. Cruyff, mientras tanto, alternaba con él palo y zanahoria, acompasando titularidades, suplencias y retornos al filial. “Si sólo se juega con una pierna no puede tenerse una técnica perfecta. Por ejemplo Ángel Mur, nuestro masajista, con 53 años juega perfectamente con las dos piernas. Un jugador de 19 años no puede aceptar jugar sólo con una pierna, tiene que aprender a jugar con las dos”.

    Sobre el campo, el entrenador holandés utilizaba a Iván en varias demarcaciones, en un recorrido que hoy podría recordar al que trazó Guardiola para Thiago Alcántara en Barcelona, y que iba del mediocentro al extremo izquierdo, pasando por los dos interiores o una mediapunta que potenciaba sus virtudes y amenazaba con acomodar sus defectos. “Últimamente muchos se quejaban de la posición en que hacía jugar a De la Peña y en la segunda parte ante el Hapoel lo coloqué en su sitio y pudo lucirse. Había que buscar un equilibrio porque lo que yo no quiero es que se suba a las nubes, pero tampoco que se hunda .Quiero prepararlo porque puede ser un jugador fabuloso los próximos diez años”. En realidad, el canterano que más cerca estuvo de ser el heredero de la posición de Bakero, fue Óscar García, el hermano de Roger. Mayor que la generación de La Quinta, ya había vivido como culé las ligas del 93 y del 94, y regresaba al equipo después de una cesión muy positiva en el Albacete de Benito Floro.


    La Quinta del Mini. De izquierda a derecha: Albert Celades, Roger García, Iván de la Peña, Toni Velamazán, Quique Álvarez y Juan Carlos Moreno.

    De protagonismo cambiante durante aquella temporada 95-96, el gran momento de La Quinta del Mini llegó en la jornada siete cuando los azulgranas visitaron el Benito Villamarín. El arranque de curso estaba siendo bueno, y de hecho el equipo se mantendría imbatido hasta la jornada diez, pero para cuando tocó citarse en el estadio verdiblanco, las bajas asolaban la delantera azulgrana. Las lesiones, una constante durante todo el año, dejaban fuera de combate a Cuéllar, Jordi, Kodro y Prosinecki, y los rumanos Hagi y Popescu eran reclamados por su selección. Con Juan Carlos Moreno y Figo como únicos delanteros naturales y una convocatoria con una media de edad de veintitrés años, aquel Baby Barça debía enfrentarse a un Betis que, dirigido por Llorenç Serra Ferrer y con futbolistas de la talla de Alfonso, Jarni, Alexis Trujillo, Pier o Stosic, todavía no conocía la derrota en lo que iba de temporada.

    Como a poco del inicio Bakero también quedó fuera por unas molestias, el once definitivo que presentó el Barça aquella noche fue el formado por Busquets, Ferrer, Nadal, Abelardo, Sergi, Carreras, Oscar, Toni Velamazán, Roger, Figo y Juan Carlos Moreno, que de entrada se organizaron según un 1-4-4-2 en rombo, con Oscar en la mediapunta y Figo y Moreno muy libres arriba. También participaron De la Peña y Celades, mientras que Guardiola y Amor fueron suplentes. Debido al poco margen de maniobra arriba y pese a que el 1-5 final parezca indicar justo lo contrario, los de Cruyff asumieron un papel más contragolpeador y sacrificado en defensa. La disciplinada presión de los dos puntas más Óscar sobre el inicio de la jugada del Betis, se aliaba con las marcas individuales que el fútbol empezaba a desterrar pero que con relativa asiduidad Cruyff todavía utilizaba. Así Lluís Carreras, comodín en la izquierda y aquel día mediocentro del equipo, se emparejó con el ex-azulgrana Óscar Arpón. El dibujo bético, otro 1-4-4-2 con rombo en mediocampo, planteaba situaciones de uno contra uno en casi todos los duelos, lo cual ante un Barça tan inexperto y poco acostumbrado a defender en campo propio, era una dificultad añadida. Además los locales, conscientes del escaso peso jerárquico en el once culé que saltó al campo, inyectaron una dosis extra de intensidad y pelea con la intención de intimidar.

    A medida que la salida del Betis iba encontrando a Alexis Trujillo, los jugadores del Barça empezaron a sufrir en los emparejamientos directos, especialmente la pareja de centrales que se las tenía que ver con Alfonso y Pier. Ante este escenario, el ajuste de Cruyff con el partido en juego consistió en convertir a Toni prácticamente en un carrilero que trabajara sobre Stosic en defensa y llegara arriba cuando su equipo recuperara, de modo que Ferrer, el lateral, quedara libre para ejercer de marcador de uno de los dos puntas rivales. Un ajuste que ya en el segundo tiempo derivó en un cambio de dibujo con el Chapi y Abelardo como centrales y Nadal ejerciendo de hombre libre mientras Sergi y Velamazán se encargaban de los carriles. Pese al empuje del conjunto verdiblanco en ataque, la respuesta del Barça a la contra amenazaba. La descarga de espaldas de Óscar para permitirle al pasador aumentar la velocidad de la combinación, la profundidad de Moreno, las llegadas de Toni y Roger y, por encima del resto, un Luis Figo que en ausencia de otros referentes se erigió en líder, llevaron mucho peligro en sus aproximaciones al área de Jaro. Desde la posición libre del portugués y del mayor de los hermanos García, encontraba la transición culé el punto de apoyo sobre el que cambiar de carril durante el contraataque, e impedir que la defensa del Betis llegara a todo. Así, el primer tanto nacía en la banda derecha y se consumaba desde la izquierda, mientras que el segundo partió de una recuperación sobre el lateral derecho bético y culminaría con un centro de Toni desde la orilla contraria a la cabeza de Figo.

    En el segundo tiempo, que empezó con el Betis reduciendo distancias y un segundo disparo de Roger a la madera, los jóvenes futbolistas del Barça, comandados por Figo, hicieron acopio de oficio y personalidad para mantener la ventaja hasta el minuto 81 de partido y para asimilar con facilidad los bailes de piezas que Cruyff ordenaba desde la zona técnica. Guardiola entró por Carreras para que el equipo movilizara balón justo cuando más se partía el Betis, que había dado entrada a Sabas -un delantero- por Jaime -el lateral derecho-. Pocos minutos después también entrarían al campo De la Peña y Celades. Éste último anotaría el 1-3, y el genial mediapunta se encargaría de servirle el cuarto a Toni y de rubricar la goleada con un disparo por toda la escuadra.

    Paradójicamente, el protagonista principal de un partido recordado como emblema de aquella generación de canteranos, no fue ninguno de ellos sino otro joven, en este caso portugués, aterrizado aquel verano en Barcelona con el reto de ocupar una de las plazas de extranjero que antes habían pertenecido a Koeman, Stoichkov, Laudrup o Romário. Con 22 años, Figo había sido el objetivo número uno de Cruyff en el mercado de fichajes, y su contratación se cerró varios meses antes de terminar la anterior temporada. Ya había sido importante en el Sporting de Lisboa y su ambición le empujaba a dar el salto a una liga y un club de mayor exigencia. Al llegar a Barcelona, Figo no era el extremo derecho que salió de la ciudad condal cinco temporadas después. Su última temporada en Portugal sí había ocupado la banda pero visitaba con frecuencia un carril central en el que el jugador afirmaba sentirse más cómodo, y un rol similar le esperaba en el Barça aunque con algo más de obediencia en la sujeción. La primera petición de Cruyff fue también la que más resultado dio dentro de una nómina de extranjeros en la que sólo repetía Gica Hagi.

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    El rumano, tan exquisito técnicamente como irregular y propenso a lesionarse, tras decepcionar en su primer año como culé, sonó para abandonar el club tanto en verano como durante los primeros meses de competición. Sin embargo, terminó la temporada como titular en una de las bandas, aunque más por descarte que por sus méritos durante el curso. Las lesiones de larga duración que a principio de campaña habían sufrido Cuéllar y Jordi dejaban el extremo izquierdo del equipo algo desnudo, y además el rendimiento de Prosinecki y Kodro había llevado a ambos a perder en la disputa de la tercera plaza de extranjero que el reglamento de entonces permitía alinear. El delantero bosnio llegó al Barça con el aval del gol y después de ser el segundo máximo realizador de la Liga en las filas de la Real Sociedad. “Si he marcado 25 goles en un club modesto como la Real, hay que esperar los mismos o más en un grande como el Barça” vaticinaba optimista el hombre que debía llenar el enorme agujero anotador que dejaban las salidas de Stoichkov, Koeman o Romário. Meho no sólo no fue suficiente, sino que se quedó muy lejos de las cifras que prometía. Nueve tantos únicamente, en una Liga en que si bien los números dicen que al equipo no le faltó gol – los 72 conseguidos fueron sólo tres menos que los que necesitó el Atlético para salir campeón, o cinco menos que los logrados por el equipo más goleador de la temporada: el Valencia de Luis Aragonés y Pedrag Mijatovic- se echó de menos la seguridad del hombre gol. A la postre, Óscar García con diez tantos fue el máximo artillero de un equipo que no contó con ningún jugador entre los 30 más goleadores de Primera.

    Meho, que ya entró con el pie izquierdo en la pretemporada fallando los tres penaltis que intentó y cuyo aire apesadumbrado contrastaba con el del anterior hombre-gol del Barça, tuvo su momento de gloria como jugador culé ante el Real Madrid. El clásico de la segunda vuelta disputado en el Camp Nou se presentaba como una de las últimas oportunidades del equipo catalán para engancharse a la Liga, segundo a once puntos del Atlético de Madrid pero con mejor calendario que los colchoneros. Los locales, sin Nadal sancionado, formaron en 1-3-4-3 con Busquets, Ferrer, Abelardo, Sergi, Popescu, Guardiola, Roger, Bakero, De la Peña, Figo y un Kodro que llegaba al encuentro tras diez jornadas consecutivas sin ver portería. El Madrid por su parte, sin Alkorta, daba entrada a Milla en la media para cerrar atrás con la pareja Hierro-Sanchis. En el tercer partido de Arsenio Iglesias en el banquillo blanco tras sustituir a Valdano con la temporada en marcha, completaban el once merengue Buyo, Chendo, Quique Sánchez Flores, Redondo, Luis Enrique, Laudrup, Raúl e Iván Zamorano. Organizados en un 1-4-2-3-1, los blancos afrontaron una inferioridad numérica en mediocampo que le otorgó la iniciativa al Barça durante el tramo inicial. Cruyff, que había vaciado la banda izquierda del ataque ante el escaso peligro ofensivo que planteaba Chendo, juntaba por dentro a Popescu, Guardiola, Bakero, De la Peña y a Figo, que alternando el costado derecho con Kodro, también sobrecargaba la zona de un Quique Sánchez Flores fuera de su demarcación ideal.

    Pese al fabuloso marcaje al hombre de Popescu sobre Michael Laudrup, las primeras ocasiones de claro peligro fueron visitantes, a lo que Johan respondió emparejando a Roger con Luis Enrique para que el canterano cubriera el carril y la velocidad de Sergi quedara liberada para sofocar cualquier fuego. Buscando despegarse, el asturiano optó por acudir a zonas más centradas, lo que dio pie a la cruyffista decisión de soltar a Sergi para que junto a Roger atacaran en un dos contra uno la posición de Chendo. Ante la inferioridad que le tocaba enfrentar al lateral blanco, finalmente Luis Enrique regresó a la orilla, con lo que Cruyff consiguió limitar el ataque rival apoyándose en el propio. Tras un primer tramo de dominio culé, el partido entró en una fase de imprecisiones a ambos lados, aunque las vigilancias individuales de Popescu y Ferrer sobre Laudrup y Raúl mantenían el peligro más próximo a la portería de Buyo que de Carles Busquets. Cuando parecía que el descanso llegaría con igualdad en el marcador, una internada por banda derecha del lateral azulgrana, era rematada por Kodro en el primer palo para adelantar al Barça.

    El segundo tiempo empezó con ventaja y cambio de guión. El Madrid iba a conceder más espacios en pos del tanto que igualara la contienda, y Cruyff movió sus piezas. Figo pasó a habitar en zona de tres cuartos, Kodro se abrió a banda derecha para buscar desde ahí la diagonal a la espalda de los centrales, y De la Peña, que durante la primera parte se había movido a su aire, quedó anclado en la izquierda, liberado de trabajo en el retorno y habilitado para recibir tras recuperación de su equipo, encarado hacia dentro potenciándole el gesto final. Fue precisamente en una contra a pies de Lo Pelat que Figo anotaría el segundo previa intervención de Guardiola. El tanto del portugués llegó cuando más y mejor apretaban los de Arsenio, que ya preparaba la entrada de Esnaider para afinar en el remate, y aunque tras el gol ingresara igualmente el argentino y tras él Míchel y Álvaro Benito, el partido ya no se le escaparía al Barça. Kodro, el héroe de la noche con un segundo tanto ya en el tiempo de descuento, completaría los noventa minutos en su noche más feliz vestido de azulgrana.

    A Meho, finalizador versátil de inteligentes movimientos y certero remate de cabeza, en verano debió acompañarle el delantero francés David Ginola, pero la operación no se pudo concretar y su lugar en la planificación fue para un Robert Prosinecki que salía por la puerta muy trasera del Real Madrid después de un decepcionante primer año y una cesión al Oviedo. En el croata Johan puso muchas esperanzas y su pretemporada invitó a ello. En el interior izquierdo cuando compartiera once con Popescu y Figo, en la posición de extremo derecho cuando la plaza de extranjero del portugués fuera para Kodro, en la mediapunta o como falso nueve, Prosinecki era la oportunidad, a coste cero, de recuperar a un futbolista que ya había sido grande antes de estrellarse en España. Con 26 años tenía la edad perfecta para hacerlo, pero desde muy pronto las lesiones le apartaron de la dinámica de competición. En su discreta hoja de servicios quedan su presentación en el Gamper y el derbi contra el Espanyol en el que seguramente fue su mejor partido en el Barça.

    Cerraba la nómina de foráneos Gica Popescu, el más desconocido para el gran público pero el número dos en la lista de deseos de Cruyff sólo por detrás de Luis Figo. Por detrás de Figo, también, fue el segundo de los extranjeros que mejor rendimiento dio. De él se esperaba el nuevo Koeman, el líbero que al mismo tiempo comandara la defensa y la salida de balón. Además, como el holandés, acreditaba un fuerte disparo a portería y había pasado por las filas del PSV Eindhoven. Sin embargo, pronto quedó claro que los planes del cuerpo técnico eran otros, y su figura sería protagonista de uno de las principales rupturas proyectadas para esa temporada: Popescu iba a ser el cuatro.


    Josep Guardiola, el 4 del Dream Team, visitó el interior derecho en varias ocasiones a lo largo de la temporada, cediendo su lugar en el esquema a Gica Popescu. En el mediocentro, el rumano suponía un extra defensivo en la marca sobre los mediapuntas rivales.

    "Los que vean a Popescu como sustituto de Ronald están muy equivocados. El juego de ambos es muy diferente y además queremos que juegue en el centro del campo y no como libre. Es un hombre que tiene llegada y un buen chut desde lejos, y queremos aprovechar su polivalencia. Es elegante con el balón en los pies, tiene visión de juego y va muy bien de cabeza. No descartamos tampoco que pueda hacer un marcaje al hombre cuando las circunstancias lo obliguen” desvelaba Rexach. Uno de los objetivos del cuerpo técnico era el de dotar al nuevo Barça de una mayor solidez en mediocampo, quién sabe si para adaptarse a los nuevos tiempos o si, simplemente, consientes de que con un proyecto tan tierno entre manos la línea de juego iba a ser más irregular, se optaba por un colchón de seguridad ante eventuales accidentes. “El nuevo Barça será un equipo más equilibrado ofensiva y defensivamente” adelantaba el entrenador antes de que el balón empezara a rodar.

    “Es un hombre de oficio, que sabe cumplir su tarea y encima acude al remate con facilidad. Poco a poco la afición le valorará, es un futbolista importante para nosotros” avisaba Johan Cruyff, “tiene una gran personalidad y dará tranquilidad al equipo cuando esté en el campo” apostillaba su segundo. El cambio, huelga decirlo, en el equipo que había hecho de su mediocentro el ojo del huracán de su juego, tenía un componente también simbólico que iba mucho más allá del simple intercambio de piezas. Pep Guardiola, emblema del 4 ideado por Cruyff en el corazón del Dream Team, empezaría la temporada como interior derecho del equipo, un movimiento que viendo lo que vendría años después, parece anticipar las medidas adoptadas por Antic o Rijkaard y despliega un abanico de interpretaciones de lo más sugerente. Lo cierto es que a mediados de los noventa, producto muy probablemente de los éxitos del Barça a principios de la década, en la Liga española el 1-4-4-2 predominante empezaba a ceder terreno ante el 1-4-2-3-1, un sistema que situaba una amenaza directa justo en la zona que defendía el mediocentro. Siendo Guardiola un futbolista no especialmente apto sin balón y su equipo un proyecto todavía incipiente como para tiranizar con él, esa podría ser una explicación a la transgresora novedad que propuso Cruyff.

    Debe puntualizarse, sin embargo, que la fórmula no se impuso del todo. Lo mejor de Pep no estaba unos metros por delante y el equipo lo seguía reclamando como centro ordenador del juego. Así pues, hacia el final de temporada las tornas ya habían cambiado, volviendo el 4 al mediocentro y Popescu a jugar en el centro de la zaga o por delante del de Santpedor, con una responsabilidad en el juego de ataque que el rumano agradeció: “Nunca tuve tanta confianza en el Barça como la que tuve con Johan. (…) Y hacía cosas que no sabía cómo las hacía. Si fuera mujer le diría ‘te quiero’ a Cruyff. El número 1, 2 y 3 es Cruyff y luego vienen los demás”. Incluso a lo largo de los meses en que se probó con este cambio de perfil en la posición del 4, era difícil el partido que se empezara y terminara con Guardiola como interior. Bien porque al cerebro le costaba encontrar constancia en sus apariciones en una zona donde hay menos espacios, bien porque Johan le devolvía la base para hacer reposar el partido con marcador a favor, bien porque ordenaba algún marcaje individual al rumano que le hacía primar el hombre a la zona y que era compensado por el catalán, a Pep su antiguo hogar no le estuvo vetado.

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    No eran extraños los marcajes mixtos en el Barça de Cruyff, y en esta temporada 1995-96 Ferrer, Abelardo, Popescu, Carreras o incluso Sergi Barjuan protagonizaron en ciertos momentos una vigilancia al hombre sobre alguno de los futbolistas más peligrosos del equipo rival. Popescu a Laudrup en el clásico de la segunda vuelta, por ejemplo, Sergi sobre Lardín o El Chiqui Benítez en el derbi barcelonés contra el Espanyol, o uno muy singular de Ferrer sobre Milinko Pantic en la derrota del Barça en el Vicente Calderón de la jornada 16. Fue uno de los momentos clave de la temporada, una de esas citas importantes a lo largo del curso en que al equipo le faltó experiencia y el puñetazo en la mesa de los futbolistas llamados a liderar. Enfrentándose el primero y el segundo de la tabla, con un sólo punto de distancia entre ambos a favor de los de Radomir Antic, el Barça afrontaba el choque con bajas importantes. Quince días antes se lesionaba Carles Busquets, una ruptura en el menisco del portero titular a la que habría que sumar las ausencias de Guardiola, Celades, Sergi, y los lesionados de larga duración Cuéllar y Jordi Cruyff.

    Sin ellos, el Barça saltó al campo con Lopetegui bajo palos y lo que, vistos los nombres, parecía un 1-4-3-3. Con el balón en juego, no obstante, la marca individual de Ferrer a Pantic dejaba al catalán prácticamente como el interior derecho del equipo debido a la tendencia central de los movimientos del yugoslavo. Por delante Velamazán era el encargado de perseguir a Toni Muñoz en caso de ser el lateral colchonero el que se internara por la banda, pero fue a la espalda de Ferrer donde desequilibró el encuentro el Atlético. Lubo Penev y sobre todo un Kiko tremendamente inspirado, castigaron la marca de Ferrer a Pantic sin que ni Abelardo ni Nadal lo leyeran. El central asturiano, además, concedería un penalti evitable en el minuto tres que ponía cuesta arriba desde el inicio un partido en el que el Barça nunca llevó la iniciativa y que sólo maquillaría Velamazán en los últimos minutos con el 3-1 final. Apenas era la segunda derrota de la temporada, pero dolió especialmente. Por ser contra el primer clasificado, por lo clara de la superioridad del, a la postre, campeón, y porque se puso al descubierto de forma cruda quizá el principal problema de aquella plantilla: la falta de una personalidad fuerte y de relevo en los liderazgos.

    Tras el partido Cruyff, que en estas no se callaba, no tuvo reparos en señalar: “Los que tienen más nombre no saben mandar (…) Con tres internacionales atrás esto no puede pasar”. Años más tarde reconocería el holandés que quizá este fuese el gran déficit de un equipo que protagonizó buenas tardes de fútbol pero que se quedó a las puertas de todo, imputándose él mismo el error a la hora de mezclar los caracteres de la plantilla con el de los nuevos fichajes.


    Meho Kodro llegó al Barça para cubrir el vacío goleador que dejaban las marchas de Stoichkov, Koeman o Romário, pero el bosnio sólo lograría marcar 9 tantos en toda la Liga.

    Sin el paso al frente de las nuevas «vacas sagradas» ni el relevo de los extranjeros, aquel Barça alternó momentos de gran fútbol con otros de zozobra general. Pese a esta irregularidad y a la falta de contrafuertes, no obstante, el equipo se las arregló para llegar vivo al tramo final de las tres competiciones gracias a una racha de seis victorias consecutivas que permitían soñar con todo. En la pelea con Atlético de Madrid y Valencia por una liga que sería rojiblanca, clasificado para la final de Copa del Rey que se jugaría también contra los colchoneros, y en las semifinales de la UEFA después de eliminar con un casi milagroso gol de Sergi al PSV Eindhoven de Nilis, Jonk, Cocu o de un joven, entonces lesionado, Ronaldo Nazário de Lima.

    El diez de abril de 1996, en la Romareda, se jugaría la final del primero de los tres títulos en disputa: la Copa del Rey. El Atlético saltó con un once de gala que se recitaba de memoria: Molina, Geli, Santi, Solozábal, Toni, Vizcaino, Simeone, Caminero, Pantic, Kiko y Penev, mientras el Barça lo hacía con Busquets, Celades, Nadal, Sergi, Guardiola, Popescu, Amor, Bakero, Figo, Hagi y Jordi. El primer tiempo fue claramente atlético hasta el minuto 35. Cruyff había organizado a los suyos según un 1-3-5-2 de laterales abiertos en el que tanto Guardiola como Popescu en defensa se sumaban a Nadal para poder defender en superioridad a los dos puntas rivales, quedando habilitados Celades y Sergi para acudir fuera y tapar la subida del lateral. Sin obligar en el retorno al delantero, pues, la estrategia posiblemente fuera lanzar a Figo, Jordi o Hagi a la espalda de Toni Muñoz y Geli, mientras por dentro un Guillermo Amor mucho más adelantado que Bakero, entraría desde segunda línea a la espalda de la defensa del Atlético de Madrid. A diez minutos del entretiempo y ya con Ferrer sobre el césped por lesión de Albert Celades, el técnico holandés ordenó un cambio de dibujo que recolocó a su equipo y equilibró el encuentro. Popescu quedó definitivamente como central junto a Nadal, lo que paradójicamente permitió al Barça tener un efectivo más en mediocampo. Con defensa de tres perdía dos, ya que el rumano y Guardiola se resituaban como zagueros, mientras que ahora, sin mover a Pep del mediocentro, contaba con cuatro.

    Tras el descanso los madrileños volverían a tomar la iniciativa, aunque en el Barça la posición más abierta de Figo a la derecha permitía tener con Jordi una referencia en la zona del nueve. De hecho fue un cabezazo del 14 que se estrelló en el travesaño lo que espoleó a los suyos e intimidó al rival, y unido esto al cambio de Roger por Bakero y, sobre todo, a la entrada de Robert Prosinecki al campo, permitió ver al Barça más cómodo de la Final en el último tramo del segundo tiempo. La inercia positiva que había dado el croata a la posesión culé se trasladó también al inicio de la prórroga, que con los tres cambios agotados empezaba con Guardiola lesionado sobre el campo. Hagi primero y Roger después tuvieron la opción de adelantar al Barça, pero fue una internada por la banda derecha de Geli la que aprovechaba el Atlético para marcar merced a un nada habitual remate de cabeza de Pantic. El primer título de la temporada volaba al Manzanares.

    Sólo seis días después, al equipo le tocaba disputar en casa la vuelta de las semifinales de la Copa de la UEFA ante el Bayern de Múnich que entrenaba Otto Rehagel. A las puertas de la final, el Barça cayó por 1-2 y fue eliminado en una noche no muy feliz para Carles Busquets. Sin embargo, en aquella eliminatoria contra el equipo alemán, el último Barça de Cruyff dejó la que para muchos fue su mejor actuación. En la ida, jugada en un nevado Estadio Olímpico de Múnich, el Barça otra vez muy mermado por las bajas, arrancó un empate a dos y numerosos elogios por el juego desplegado. Incluso de parte de su adversario. La agencia France Press diría tras el encuentro que “los catalanes hicieron más que empatar. Más que el empate a dos que encarrila la eliminatoria, es la forma de jugar que ha impresionado” y por su parte el rotativo polaco Przeglad Sportowy iría más allá asegurando que “en el primer tiempo, el Barcelona dio un concierto de maestría y arte ridiculizando incluso en más de una ocasión al equipo de Múnich”. Johan, más lacónico, lo resumiría con un «hemos jugado muy bien«.

    El viaje a Alemania estuvo marcado por las ausencias en defensa -Abelardo, Nadal y Sergi estaban sancionados- y por una sentencia de Cruyff a modo de preludio: “Si no hay defensas no puedes salir a defender”.


    Once titular del Barça en Múnich. Arriba: Amor, Busquets, Popescu, Guardiola, Óscar y Bakero. Abajo: Ferrer, Roger, Celades, Figo y Hagi.

    Albert Ferrer, el único zaguero disponible, saltó al campo infiltrado y con una fisura en el peroné, y acompañándole en defensa Popescu y Guardiola, unos dicen que tras pedir Johan a dos voluntarios, y otros que por elección directa del técnico ya que no había mucho más donde escoger. Junto a ellos y a Busquets que formaba en la portería, un rombo en mediocampo con Celades y Roger en los interiores, Amor como mediocentro y Óscar de 6 -que en el esquema de Cruyff equivalía al mediapunta-. Arriba, en la derecha Hagi, en la izquierda Figo y por el centro un Bakero con mucha tendencia a acercarse a la media y a intercambiar su posición con el mayor de los García. El Bayern, por su parte, alineaba a Kahn, Babbel, Kreuzer, Helmer, Ziege, Nerlinger, Matthäus, Herzog, Scholl, Klinsmann y Papin. Sin Hamann ni Sforza -el suizo arrastraba un proceso gripal y esperaba turno desde el banquillo-, Matthäus mezcló su rol de líbero por detrás de los dos centrales con apariciones en mediocampo para darle salida al juego de ataque muniqués. El inicio, gracias a algún desmarque de apoyo de Klinsmann que permitió la entrada de segunda línea de Papin, Scholl, Nerlinger o Herzog para firmar las primeras situaciones de peligro del encuentro, fue alemán pero ni mucho menos desbocado.

    El ímpetu local, sin embargo, duró poco, y el Barça empezó a sacudirse el dominio gracias a sus dos jugadores rumanos. Popescu, que firmó otro excelente marcaje individual en esta ocasión sobre Klinsmann, secó al por entonces vigente balón de plata y máximo goleador de la competición -la terminaría con más del doble de goles que su más inmediato perseguidor-, mientras Hagi, anclado en la derecha, era el principal apoyo que encontraban los de Cruyff para salir. Ziege, su par, defensivamente era el zaguero menos intenso del Bayern, y su tendencia a sumarse por banda al ataque que el Barça compensó con un sacrificado trabajo de Albert Celades, liberó a Hagi y lo habilitó como el hombre al que buscaban la mayoría de balones a lo largo de la primera media hora de partido. Cuando recibía el esférico, si la recepción había desplazado hacia su sector a la defensa bávara, el rumano descargaba hacia dentro donde los culés encontraban facilidades para asociarse; y si el Bayern mantenía su organización a tres carriles, esperaba la llegada lanzada de Celades para castigar la zona del lateral izquierdo que, además, no podía contar demasiado con las ayudas de Herzog por ese sector.

    Precisamente, sobre las llegadas desde atrás y las recepciones entre líneas se edificó un dominio visitantes que se prolongó y aumentó hasta llegar al descanso. Los catalanes se encontraban cómodos, fabricaban líneas de pase con fluidez y mandaban sobre el partido obligándolo a un discurso que protegía a su improvisada defensa y hurgaba en la medular del Bayern. A parte de Hagi, también recibía por dentro Figo, que aunque partiese de la banda izquierda su continuo intercambio de posiciones con Roger le permitía un goteo constante de apariciones entre líneas. Un intercambio de posiciones que a su vez pusieron en práctica Óscar y Bakero y que dejó sin referencia en la marca a los centrales alemanes, dando como resultado no pocas llegadas desde segunda línea sobre todo del canterano. En una de estas llegó el primer gol del encuentro para certificar un dominio culé que se trasladó también a la defensa salvo en los momentos en que más apareció Scholl, y que despidió el primer tiempo con los visitantes en ventaja y jugando a placer, Kahn como salvador de su equipo y una sonora pitada del público del Olímpico acompañando a los futbolistas del Bayern camino de vestuarios.

    Tanto fue así que en la reanudación el once de Otto Rehagel presentaba dos novedades ya de inicio. Sforza tomaría el lugar de Herzog en mediocampo para tratar de darle más sentido y organización al juego de ataque de su equipo, y Kreuzer, el central, dejaría su plaza a un delantero como Witeczek. Este segundo movimiento implicó una reestructuración del esquema alemán que sujetó definitivamente a Matthäus en el centro de la zaga, a Scholl en la mediapunta y que enfrentó tres atacantes a la debilitada zaga alineada por Cruyff. Los cambios surtieron efecto, y pese a la entrada de Jordi en lugar de Óscar para ganar velocidad en el desmarque a la espalda de una defensa que ahora jugaría más expuesta, y a la recolocación de Celades casi como lateral, el Bayern tardó apenas diez minutos en darle la vuelta al marcador. Un primer tanto de Witeczek y otro de Scholl tras una pérdida de Jordi en la segunda vez que la defensa lanzaba mal la línea del fuera de juego, tiraban por tierra el gran primer tiempo del Barça. La nueva disposición y la entrada de Sforza, sin duda, habían resultado claves. El suizo, desde la dirección con el balón, mejoraba mucho la calidad de los ataques del Bayern, que además y como consecuencia, desde su ingreso al campo defendía mucho mejor.

    Sin capacidad para salir y perdiendo la lucha de los balones divididos, para evitar males mayores a falta de un cuarto de hora Cruyff echó mano de Iván de la Peña, que aunque a lo largo de su carrera evolucionara en un especialista mediapunta, no hay que olvidar que por entonces venía de jugar normalmente de 4 con el filial. En su primera intervención recogió la pelota casi sobre la zona del lateral izquierdo, condujo para salir, encontró a Hagi en la derecha y como resultado de aquello el Barça logró asentar su primer ataque en campo rival después de bastantes minutos. A raíz de esta situación, como el ataque había dado tiempo a los catalanes para conquistar posiciones en campo alemán y así molestar la salida, un pase en profundidad de Hagi para Jordi que no terminó en nada, provocó que Babbel marrara un envío sencillo del que se adueñó el rumano para lograr el segundo gol del Barça. Un empate a dos fuera de casa que ponía a los culés en ventaja en la eliminatoria, pero que no supieron hacer valer para alcanzar la Final en que se enfrentarían Bayern de Múnich y Girondins de Burdeos.

    A la eliminación europea le siguió, cuatro días más tarde, la derrota como local en Liga frente al Atlético de Madrid, un tropiezo que alejaba al líder y que ayudado por la insostenible relación que Cruyff y la directiva de Josep Lluís Núñez mantenían desde hacía meses, firmaba la sentencia del técnico. La ejecución llegaría el 18 de mayo, cuando todavía quedaban por disputarse dos jornadas de Liga y con un Barça-Celta en el Camp Nou, sin Cruyff, en que el público regaló una emotiva despedida al holandés en la figura de su hijo Jordi cuando Rexach tuvo a bien sustituirlo a falta de tres minutos para el final. Un cierre abrupto a ocho años de Johan Cruyff en el banquillo del Barça, que dejaba incompleto el intento del holandés por levantar su segundo proyecto ganador en el club catalán. De lo que habría venido después, poca cosa más podemos hacer que conjeturar, pero sí disponemos de algunas aparentes certezas para hacerlo. Sabemos el diagnóstico de Cruyff hacia aquella temporada, y que con Johan las líneas maestras del mercado de fichajes se empezaban a trazar meses antes. Así, por ejemplo, su destitución no impidió que se incorporaran a la disciplina azulgrana Pizzi y Luis Enrique, atados con anterioridad y que llegaron tras finalizar sus contratos con Tenerife y Real Madrid respectivamente. Dos futbolistas internacionales con mucho carácter para cubrir el déficit de personalidad que había acusado el equipo. Es cierto, sin embargo, que con la sentencia Bosman recién implantada el siguiente verano fue especial, y que los planes de Cruyff al respecto a buen seguro habrían cambiado al poder incorporar, sin límite, a futbolistas con pasaporte comunitario.



    Aún así, todavía con la restricción de cinco extranjeros por plantilla vigente, el técnico holandés y su cuerpo técnico cerraban la contratación del veterano central Laurent Blanc, seguramente para ocupar la plaza de foráneo que con la llegada de Pizzi iba a dejar vacante Kodro. El bosnio, Hagi y Prosinecki tenían todos los números para aligerar una nómina de extranjeros en la que con toda seguridad permanecerían Figo y Popescu. Por otro lado, las dificultades para encontrarle un inquilino fiable al extremo izquierdo del esquema durante la temporada, hacían presagiar algún movimiento para la posición en verano, y con la posibilidad de contar con hasta dos plazas libres para incorporar jugadores de fuera, muchas miradas se dirigieron al extremo galés del Manchester United Ryan Giggs, por quien en Inglaterra llegaron a asegurar que existían conversaciones entre clubs y un precontrato con el jugador. Ya fuera del club, Cruyff afirmaría también haber tenido atado en el mes de enero a un joven Zinedine Zidane que despuntaba en Francia, y que tras la destitución del técnico se comprometería con la Juventus de Turín.

    Atendiendo al fracaso de Prosinecki y a las distintas posiciones que se habían barajado para el croata en el esquema culé, el nombre del francés encajaba formando parte de una lista donde también pudieron estar Rui Costa o Aron Winter -interior derecho que terminó en el Inter de Milán-. Por último, más allá de algún movimiento de menor entidad en defensa, sobre todo para el lateral, el otro gran capítulo de la planificación correspondía a la portería, un tema en el que club y entrenador iban por caminos muy distintos. Mientras la directiva negociaba con Vitor Baía desde la hipótesis de la no continuidad de Cruyff, el técnico hacía lo propio con el colchonero José Francisco Molina, guardameta que había revolucionado la Liga por su dominio con los pies, valentía en las salidas y un juego lejos de la portería que había permitido a su equipo situar la línea defensiva muy arriba. Hasta qué punto acercaron posturas Cruyff y el jugador no lo sabemos. Tampoco sus intenciones para el siguiente ejercicio respecto a la demarcación de Guardiola y Popescu, sobre las funciones de Luis Enrique o acerca del relevo de Bakero en la posición del seis. Quizá las dos últimas cuestiones tuvieran la misma respuesta.

    De todos modos, nada de eso llegó a darse. Cruyff colgó la gabardina y el Barça siguió su camino bajo la dirección de Bobby Robson. La última obra del holandés desde los banquillos quedó incompleta, una característica fastidiosa pero inherente al estilo tardío, que lo es porque no concluye. El protagonista se va dejando el final abierto, y el resto nos quedamos regocijándonos en la insinuación. En el limbo de lo que pudo haber sido.













    Fuente:

    https://eumd.es/2015/01/el-ultimo-barca-que-imagino-cruyff/

    Muy buena lectura de fútbol sobre Cruyff y el Barça de los 90's, sobre todo el artículo de "El último Barça que imaginó Johan Cruyff" de la página EUMD, de ahí he sacado todo el texto de este interesante post, al leerlo todo se me hizo tan brillante la lectura que no dudé ni un segundo de pasar todo ese escrito a este hilo de Las Memorias del Barça para compartirles este muy emocionante y apasionante relato, es un escrito de la gran página EUMD que vale muchísimo la pena leer. Además de este artículo, tiene otros escritos brutales sobre el Barça. Aquí abajo les dejo los link de la página para que le echen un ojo. Una página futbolera sobre el Barça que vale enormemente la pena visitar y darle unas buenas leídas a sus artículos, historias deportivas y lecturas obligatorias. 

    https://eumd.es/

    Saludos a todos. 
    Di con este artículo hace dos/tres años. Todo aquél que tenga un mínimo de gracia para escribir, con el profeta se recrea.

    No lo firma nadie y da la sensación de que colaboran varios. Además con la característica de que oculta todas las sombras del profeta que desde la final de Atenas, se multiplicaron, para que vamos a engañarnos, y estropeaban todo el tinglado.

    Hay muchas cosas a rebatir pero como el legado -digan lo que digan los de siempre- es tan grande, lo eclipsa todo, incluso aquellas dos últimas temporadas, la 94-95 y 95-96 y más concretamente esta última, en la que solo faltó un asesinato para ponerle la guinda a la relación entre el profeta y el presidente Núñez.

    Casi al mismo tiempo de El último Barça que imaginó Johan Cruyff di con otro artículo, dividido en dos partes, en una web llamada Ecos del Balón: ¿Quien fuiste, Johan? y su autoría es de Abel Rojas.

    Este empieza en 1964 cuando Johan tiene 17 años. Rebatible en varios puntos, como todo en esta vida, pero muy bien escrito.

    Yo, lo que tengo claro y nadie me va a convencer de lo contrario, es que el mejor Johan en el campo lo disfrutó el Ajax, en parte la Orange y el Barça en unas breves pinceladas.

    Pero lo que aportó como entrenador, de eso aún nos estamos beneficiando a pesar de los pesares.

    El personaje más influyente en la historia del Barça.

    Casi me olvido de cuando con Charly nos chuleaba durmiendo la siesta en Santander, Salamanca, Las Palmas, Elche ...

    Entre otras muchas cosas ...







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    Predeterminado

    MANUEL TORRES



    Imposible no relacionar el campo de Las Corts con Manuel Torres Morraja, que nace el 7 de Octubre de 1874 (*) en Tronchón (Teruel). A los 18 años se traslada a Barcelona donde trabaja como panadero. Poco después, en 1895 se fue a combatir a la guerra de Cuba y después de tres años vuelve herido en una pierna y enfermo.

    (*) En la web de de Angel Gimeno Monforte, Ayuntamiento de Tronchón, lo sitúan en 1874. Xavier García Luque, en Las bambalinas del fútbol (La Vanguardia 8/5/2016), en 1877.

    Al recuperarse siguió ejerciendo su profesión en un horno de la calle Vallespir donde traba amistad con Juan Espallargues, por aquél entonces, conserje del FC Barcelona en los tiempos del campo de la carretera de Horta (1901-1905) y de la calle Muntaner (1905-1909). Acaba de nacer su vínculo con el Barça.

    Cuando se inaugura el campo en la calle Industria (1909), Manuel Torres ya compagina su trabajo en el horno con el de albañil y portero en el nuevo recinto blaugrana. En 1911, la marcha de Juan Espallargues, lo convierte en conserje a propuesta del vicepresidente Joaquín Peris de Vargas con un sueldo de 25 pesetas al mes.

    Ejercía de conserje, portero, controlador de entradas, taquillero, masajista, carpintero, albañil, lampista, electricista, jardinero .... Su jornada laboral empezaba a las seis de la mañana y concluía a las diez de la noche. Una de sus funciones era vigilar los muros del campo para evitar que los críos se colaran. Uno de ellos se llamaba José Samitier.


    La recién nacida revista Barça, dedica su portada a Manuel Torres el 30/12/1955 que ya tiene 81 años y que está con uno de sus bisnietos. Su gorra de plato, se la regaló cuando se jubiló al directivo Joaquín Peris de Vargas, quien dio el visto bueno en su día para que Torres trabajara para el Barça. Sigue en poder de la familia Peris.


    Según puede leerse en Barça insólito (2017), de M.Tomás y F.Porta, era de natural, bonachón y campechano, pero si sacaba el genio era mejor apartarse. Que no le tocaran a sus jugadores. En el campo de la calle Industria, cuando alguien los insultaba y Torres comprobaba quien había sido, saltaba como un muelle con intenciones poco amigables. Durante un Barça-Español de reservas jugado también en la calle Industria, se organizó una batalla campal en la tribuna con sillas volando incluidas. Detectó a los autores, los pilló uno a uno a base de empujones y puñetazos y los encerró en la habitación del lavadero del campo. Torres se encerró con ellos armado con una tranca y empezó a sacudir. Un aragonés robusto de cuarenta años que había trabajado muy duro en la vida, superviviente de la guerra de Cuba … aquellos cuatro mocosos no le llegaban ni a la suela del zapato.

    Del tinglado se enteró hasta Gamper que se presentó en el lavadero golpeando la puerta que tuvo que forzar a porrazo limpio -Gamper también tenía su presencia-, para encontrarse con Torres que salía tranquilamente: “He querido darles su merecido a estos cuatro valientes a los que conozco desde siempre. No pase usted cuidado que no les he roto ningún hueso. Verá como no se acercan más por aquí”.

    Vivía en una habitación en el campo de la calle Industria con su mujer, Rosa Prades, donde nacieron sus cuatro hijas: Carmen, Pilar, Magdalena y Andrea. Esa habitación hacía las veces de vestidor, enfermería y restaurante. Antes de los partidos, los jugadores del Barça comían allí y el menú era invariable: tortilla de dos huevos, bistec con patatas fritas y el vino de diecisiete grados que quisieran.

    A principios de 1922, Manuel Torres convenció al tesorero de la junta, Luis Jover, de la idoneidad de los terrenos de Can Guerra y de Can Ribot para construir el futuro campo de Las Corts, tal y como le recuerda a Juan Narbona de El Mundo Deportivo, que lo entrevista un día antes de su homenaje, el 2 de Septiembre de 1954:

    "El mejor recuerdo que tengo es el día que vinimos a Las Corts, porque yo encontré estos terrenos. El campo de la calle Industria resultaba ya pequeño por la cantidad de público que iba a ver los partidos. Y don Luis Jover me encargó que buscara donde fuera posible ubicar un campo más grande que el que teníamos. Primeramente fuimos a los terrenos en los que hoy se levanta el campo del Español. De comunicaciones, estaba ideal, pero en cambio, nos pareció pequeño. Yo apunté la posibilidad de comprar estos terrenos de Las Corts, y cuajó la idea".



    Rosendo Calvet Mata

    Desde el primer día de vida del campo de Las Corts, la familia Torres fija ahí su residencia y con su mujer y sus hijas cuidan de su mantenimiento. Una de ellas, Carmen, se casó con Rosendo Calvet Mata, ex atleta del club, super funcionario, socio de mérito y salvador del club en momentos dramáticos cuando un talón por valor de 12.900 dólares que deposita en un banco de París, producto de los beneficios de una gira del club por Méjico en 1937, en plena guerra civil, evita la desintegración de la entidad.

    Su hijo, Rosendo Calvet Torres, nació en 1927 en el campo de Las Corts y siguiendo los pasos de su padre también llegó a ser funcionario de la entidad y responsable administrativo de las secciones deportivas hasta su jubilación en la década de los noventa.

    Manuel Torres, bajo la dirección de don Epifanio de Fortuny, barón de Esponellá, directivo del FC Barcelona, sembró en 1927 el campo de Las Corts, que fue el primer campo de fútbol catalán donde se jugó sobre césped. En 1929, topa con un objeto duro que resultó ser la primera piedra que se colocó en el inicio de la construcción del campo en 1922.

    Al periodista Manolo Del Arco, le dijo en su célebre sección Mano a Mano de La Vanguardia, el 3/9/1954: “La primera piedra de Las Corts la colocaron en el centro del terreno de juego; durante las obras de construcción tuvieron que rebajar el campo cuatro metros y un día, clavando un hierro para una prueba atlética tropecé con ella. Sin decir nada a nadie, la arranqué de ahí, la escondí y escondida estuvo durante veinticinco años”.

    Del Arco le pregunta cuanto pesaba la piedra y Torres calcula: “Unos ciento veinte kilos”. Del Arco repone: “¿Pudo usted solo?, no exagere, amigo”. Respuesta: “Soy aragonés y no miento. Cuando tenía 18 años me echaba a tierra y me ponían un saco de harina de cien kilos y me levantaba con el saco al cuello. En esto de la fuerza he hecho muchas barbaridades; de joven no ha habido quien me quitara el garrote”.

    Lo cierto es que acabó guardando la piedra de marras en un trastero. En 1954, cuando arrancan las obras del Nou Camp, la Comisión buscaba una piedra con cierto simbolismo para la ceremonia y gracias a Manuel Torres, se coloca la primera piedra del nuevo estadio blaugrana ... por segunda vez.


    En el campo de Las Corts rodeando junto con ex jugadores (Galicia, Tudó, Sancho y Alcántara) la primera piedra del futuro Nou Camp (28/3/1954).



    En la inauguración del Nou Camp (24/9/1957).

    En Enero de 1939 y cuando las tropas de Franco entran en Barcelona, el yerno, Rosendo Calvet, consigue eludir la amenaza real de la incautación del campo, eso sí, con la ayuda de la Providencia y la benévola actitud de un oficial del ejército: "No seremos nosotros quienes perjudiquemos lo que vosotros habéis conservado". Al Barça le esperan años muy duros pero en principio, Las Corts está salvado.

    El 2 de Septiembre de 1954, el dinámico, incombustible, polivalente y leal Manuel Torres, que en su momento no aceptó de buen grado la jubilación, recibe a sus casi ochenta años, el emotivo homenaje de la afición barcelonista que abarrota Las Corts justo el mismo día en que se inaugura la iluminación eléctrica. En la entrevista a la que antes se hacía referencia (Juan Narbona, El Mundo Deportivo), se lamenta de la imposibilidad de una ampliación del campo "... pero no siendo esto posible, es necesario un campo mayor, porque este se nos ha hecho pequeño. Pero este, ¡tiene tanta historia! ¡Significa tanto para mí en recuerdos...!"


    La noche de su homenaje con César Rodriguez bajo un Las Corts iluminado por primera vez (2/9/1954).



    Y cuatro años después, la última jornada emotiva en Las Corts: la del homenaje a César (10/9/1958). Detrás de la hija del futbolista, se aprecia a Manuel Torres. Del nº 144 de la revista Barça correspondiente al 18/9/1958.

    El 30 de Abril de 1962 y a petición del Barça, el Estado le concede La medalla Al Mérito en el Trabajo en su categoría de Bronce.

    Fue contratado en 1912, en 1954 lo quisieron retirar, pero el permaneció en Las Corts hasta el 4/3/1964, cuando se procedió al desalojo del habitáculo que ocupaba en el interior de un estadio condenado a la demolición. El Barça le tramitó la cesión de un piso en la calle Viriato, 43, en la barriada de Sants. Las Corts y Sants son vasos comunicantes. El contrato constaba a nombre de Manuel Torres Morraja, pero el Barça le costeó el alquiler hasta el final. Lo mata la edad y sobre todo, la nostalgia. Su vida se apaga el 7 de Junio de 1965 y aunque en el recordatorio reza que muere con 88 años, es posible que sean 90. Tanto da. Su mujer, Rosa Prades, había fallecido poco antes. Afortunadamente para él, no llega a ver la desaparición física de "su" campo (*). El barcelonismo en pleno despide al trabajador infatigable, al viejo y fiel empleado querido por todos que en los años difíciles lo fue todo para el Barça.

    (*) La demolición del campo de Las Corts empezó el 4/2/1966. 90 días después, ya era un solar.

    Rosendo Calvet Mata, el yerno de Manuel Torres, otro ángel de la guarda para la entidad, falleció el 13 de Abril de 1986, a los 89 años y su entierro reunió a cuatro presidentes del FC Barcelona: Francisco Miró-Sans, Agustín Montal, Narciso de Carreras y José Luis Núñez. No era para menos.

    Del Arco le pregunta a Torres en La Vanguardia en vísperas de su homenaje en 1954: “¿Cree usted, amigo, que se merece este homenaje?”. Y Manuel Torres Morraja no se corta: “Si yo no lo me merezco, no hay nadie que se lo merezca en el club”.

    Amén.

    Fuentes:
    Blog homenaje a Manuel Del Arco.
    Web de Angel Gimeno Monforte. Ayuntamiento de Tronchón.
    Blog "El marcador" de Juan Manuel Surroca.
    Hemeroteca "La Vanguardia" y "El Mundo Deportivo".
    Revista "Barça".
    Cróniques del Barça 1899-1992 editorial G&A
    Historia del CF Barcelona editorial LGEV
    Barça insólito (2017) M.Tomás y F.Porta.







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    Predeterminado

    UNA DE ANGELITOS (1)



    Pedro Fernández Cantero nace en Concepción (Paraguay) el 29/4/1946. Acredita la doble nacionalidad paraguaya/española y en Agosto de 1967, con 21 años, llega al Nou Camp -procedente del Cerro Porteño- junto con otros dos paisanos (Catalino Samaniego Candín y Benicio Luis Aranda Mereles), en periodo de prueba (MD 5/8/1967). Fernández será el único que acabará firmando contrato con el Barça.

    En la temporada 1967-68 solo disputa partidos amistosos.

    1/10/1967 (*) en amistoso en Mahón y contra el Menorca debutó con el FC Barcelona. “En el centro ha habido una cara nueva -según Beco, Corresponsal de MD-, la del paraguayo Fernández cuyo fútbol potente y larga zancada, causaron mucha impresión”. El Barça jugó con Reina; Borrás, Olivella, Torrent, Endériz, Fernández, Rifé, Pereda, Vidal, Zabalza y Jimenez.

    (*) Ese mismo día, la selección española perdía 1-0 en Praga ante Checoslovaquia en partido correspondiente a la Eurocopa de Naciones.

    Fernández, aunque no disputará ningún partido oficial en esta temporada 1967-68, sí que vivirá muy de cerca dos acontecimientos impactantes: la muerte de Julio César Benítez y la famosa final de las botellas dado que el míster Salvador Artigas lo incluye en la lista de jugadores que se desplazan para enfrentarse al Madrid en el Bernabeu porque, aunque cueste creerlo, era un escenario neutral.



    El nº 176 de la Revista Barcelonista (14/8/1968) dedica un amplio reportaje a Pedro Fernández y a Eladio Silvestre los cuales, por su cuenta, llevan a cabo una preparación física en Monistrol de Calders, una localidad situada a unos 82 kms. de Barcelona. Se habla de una posible cesión de Fernández al Sabadell, algo que finalmente no se llevaría a cabo.

    También la Revista Barcelonista, en ese mismo nº y bajo el título: “Fernández, dispuesto a echar raíces en Barcelona”, le adjudica un supuesto romance con una atleta del club, Montserrat Arias.



    La hora de Fernández suena en la ida de la primera ronda de la Recopa de Europa (18/9/1968) en tierras helvéticas ante el Lugano. En la previa del partido, El Mundo Deportivo recuerda las características del futbolista: “Medio de ataque de 22 años que se distingue por la eficacia y dureza de sus disparos. A él le gusta decir que es un luchador. Es uno de los tres paraguayos que estuvo a prueba hace unos meses”.

    Para la historia, el debut en competición oficial de Pedro Fernández con el FC Barcelona: Sadurní; Torres, Gallego, Eladio, Fernández, Zabalza, Pellicer, Juanito (Oliveros), Mendonça, Pereda y Rexach. El Barça gana 0-1 gracias a un gol de Zabalza a la media hora de juego y los palos de la portería de Sadurní devuelven dos disparos de los suizos.

    En el minuto 29 de partido Gallego recibe un puñetazo del suizo Luttrop -que el árbitro, Roger Machín, no ve- y tarda cinco minutos en volver en sí. A partir de ahí, la violencia se apodera del partido hasta degenerar en un final apoteósico, según el enviado especial de El Mundo Deportivo, Martí Farreras, con Sadurní y Gallego enzarzados a puñetazo limpio con varios jugadores suizos contagiando al resto que ya se retiraban a los vestuarios entablándose una tangana monumental en la que intervino un sector del público y en la que las fuerzas de seguridad se las vieron y desearon para liquidar el incidente.

    Sobre Fernández: “Hacía su presentación oficial. Al muchacho le han otorgado la marca de Luttrop, el fenómeno (?) del Lugano. No solo lo ha marcado, sino que lo ha secado con una actuación perfecta que a nuestro juicio, ha sido lo más positivo del Barcelona esta noche. Para mayor mérito de Fernández, no ha tenido necesidad de un mal gesto ni de un empujón”.

    Fernández va a jugar en partido de Liga correspondiente a la 2ª jornada en el Manzanares contra el Atlético de Madrid tres días más tarde (21/9/1968). Dice Artigas, el entrenador del Barça : “Se ganó a ley que le mantenga en el puesto concediéndole un margen de confianza. Si repite el partido de Lugano seguro habremos ganado un gran valor para el equipo”.

    Y el Barça -que sale con Sadurní; Torres, Gallego, Eladio, Fernández, Zabalza, Rifé, Pereda, Mendonça, Fusté y Palau-, gana por otro 0-1 gracias a un gol de Chus Pereda en el minuto 43 de partido. Emilio López Jimeno, de El Mundo Deportivo, escribe sobre Fernández: “Cumplió a la perfección sin un solo fallo en su misión de doblar a Gallego”. Y añade: “En nada desmereció de los segurísimos Torres, Gallego y Eladio”. De lo que se deduce que el paraguayo había pasado con Artigas de volante de ataque a volante de contención.


    Fernández, en El Manzanares.

    Seguirá como titular en Las Palmas (29/9/1968) y en el Camp Nou ante el Lugano en la vuelta de la eliminatoria de Recopa (2/10/1968). Las críticas siguen mostrándose favorables, pero sus apariciones, por los motivos que sean, son intermitentes. El 16/11/1968 el Barça visita el Bernabeu. Fernández será titular con la delicada tarea de vigilar a Amancio, según se lee en la prensa de la época. El Barça abre el marcador (Zaldúa), pero el Madrid acaba ganando el partido por 2-1.

    El 15/12/1968 se alinea en San Mamés. El resultado es de empate a uno, insuficiente porque disputadas ya 13 jornadas, el Madrid, aunque tropieza en el Bernabeu contra el Elche, va disparado con una ventaja de 5 puntos sobre la UD Las Palmas y 7 sobre el Barça.

    A partir de entonces, la contribución de Fernández será escasa tanto en el torneo liguero como en la Recopa de Europa. En esta última competición tan solo disputaría 25 minutos en el Camp Nou la noche en la que el Lyn de Oslo (5/2/69) estuvo a punto de provocar un auténtico cataclismo salvado en última instancia por una acción de Gallego.


    Fernández sale en la foto del gol de Gallego ante el Lyn.

    Ni siquiera cuando el Barça acude a la final de Basilea, el 21/5/1969, con la defensa destrozada por la lesión de ligamentos de Gallego y la fractura de clavícula de Torres, Salvador Artigas se digna a contar con él. Prefiere recuperar a un ya prácticamente retirado Olivella. Y cuando el lateral Franch se lesiona a poco de comenzar, echa mano nada menos que de Pereda para jugar en banda derecha. Fernández viaja, eso sí, pero no es considerado como opción. La final es un cúmulo de desdichas muy acorde con el Barça de aquellos tiempos, en la que se dan la mano las miserias defensivas con las ofensivas. Es muy difícil olvidar tanto los dos increíbles goles que falla Zaldúa rematando desde la frontal del área pequeña como el ensañamiento del Slovan con una defensa que temblaba a la mínima presión.

    El balance de Fernández al finalizar esta temporada es de 11 partidos oficiales disputados, 8 de Liga y 3 de Recopa.

    El 9/7/1969, Pedro Fernández se convierte en nuevo jugador del Granada firmando un contrato por dos temporadas. En realidad, es un trueque llamado Operación Ramoní: Fernández y Juanito (otro de los efímeros) por Ramoní. Por decir algo, sale ganando el Granada aunque Fernández no está muy convencido (MD 10/7/1969): “No quería marcharme, pero no ha habido otro remedio. Si te quieren traspasar o ceder es porque no cuentan con uno. Hubiera preferido el Sabadell pero se interpuso el Granada”. Además, espera volver. El periodista Juan Antonio Calvo escribe: “En Granada iniciará una nueva etapa profesional, etapa que está marcada por una meta fija: el regreso -y en plan de figura, naturalmente- al Barcelona, para que puedan resarcir el error -a su juicio- que cometen desprendiéndose de él”.

    No volverá ni de broma por suerte.

    El caso es que Ramoní, otro volante de contención, cuyos antecedentes hay que buscarlos, Granada aparte, en el Español, declara lleno de optimismo: “Presiento que la próxima temporada será triunfal”. Aparte de aquello del sueño de niño hecho realidad. Bueno, solo jugó 9 partidos en esa temporada y la siguiente (1970-71) la pasó en blanco. Acabó traspasado al Sevilla en el verano de 1971.

    Por el contrario, Fernández, ya en el Granada, encaja como un guante desde el principio. El equipo de su vida, vaya. Vivirá la época dorada del club andaluz rodeado progresivamente de una serie de angelitos, de los cuales, el más destacado era Ramón Aguirre Suárez, del que nunca se supo con fiabilidad su fecha de nacimiento, un ejemplar que llegó vía Estudiantes de La Plata en el verano de 1971 y uno de los tristes protagonistas de la final de la Intercontinental de 1969 que pasará a la historia como uno de los episodios más vergonzosos de la historia del fútbol. Estudiantes tenía que levantar un 3-0 encajado en Milán y lo intentó por lo civil y por lo criminal.

    Las imágenes de aquella siniestra noche del 22/10/1969, que a día de hoy están al alcance de cualquiera, hieren la sensibilidad. Si sería grave, que como consecuencia del partido, Aguirre Suárez, el guardameta Poletti y Manera, de Estudiantes, ingresaron en la cárcel al aplicar Juan Carlos Ongania, el militar presidente de Argentina en aquellos momentos, un edicto por el cual una persona podía ser condenado a 29 días de cárcel sin intervención de un juez. Este edicto ya se había aplicado en 1968 a raíz de los incidentes suscitados en una Racing-Estudiantes. Aquella vez, Aguirre Suárez -también involucrado-, junto con otros cuatro futbolistas (dos por bando) estuvo preso cuatro días.

    Esta vez completaron los 29 días. Además, Poletti fue sancionado de por vida aunque cuando cayó el directorio militar de Onganía fue indultado. Aguirre Suárez, suspendido por un año con Estudiantes y cinco con la Selección, decidió aterrizar en España y en el Granada como oriundo, alegando unos más que dudosos antepasados navarros. Pero casi todo colaba en aquella bendita España de los primeros ´70.

    Osvaldo Zubeldia era el jefe e ideólogo de aquella banda y Bilardo su lugarteniente en el campo. El milanista Pratti tendido en el suelo después de un viaje de Aguirre Suárez es pateado por Poletti, el cual recorre medio campo para sacudirle. El también milanista Combín, recibió un codazo que le rompe el pómulo y le deformó la cara. Las imágenes son espeluznantes. Combín, franco-argentino, según el jugador de Estudiantes, Raúl Madero, había provocado a Aguirre Suárez: “Negro (apodo por el que se le conocía), no te calientes más porque en un mes yo gano el mismo dinero que tú en dos años”. Fue una mala idea.



    Al finalizar el partido y con los jugadores del Milan celebrando el título, se infiltra entre ellos Poletti, que anduvo toda la noche enajenado, para enviarle una patada voladora a Lodetti. El revuelo posterior fue zanjado por la policía a duras penas.

    Y por si le faltara poco a Combín, las autoridades argentinas lo retuvieron después del partido durante 12 horas acusándolo de prófugo al no haber hecho el servicio militar en Argentina. Debió presentarse el embajador francés con un certificado acreditando que Combín había hecho el servicio militar en Francia y eso le liberaba.

    En cualquier caso, aquella final de la Intercontinental significaría el principio del fin del torneo. Llovía sobre mojado y siempre en la misma dirección. La final de 1967, Racing-Celtic y la de 1968, Estudiantes-Manchester United, ya estuvieron preñadas de incidentes, pero esta que nos ocupa ya fue el colmo. Al poco, empezarían las negativas de los equipos europeos a cruzar el charco visto lo visto. Pero eso ya sería otra historia.

    Otro elemento de cuidado, también de contención, el uruguayo Montero Castillo, coincidió en el Granada con Fernández y Aguirre Suárez en la temporada 1973-74. Su paisano, Ildo Maneiro, lo definió así: “Es como un tractor; te pasa por encima”. Pues eso mismo.



    Pedro Fernández Cantero visita por primera vez el Nou Camp como jugador del Granada CF el 30/11/1969 en partido correspondiente a la jornada 12. Todo está en orden: “Sentiría que el Barcelona perdiera, pero es mi obligación” declara en la víspera (MD 29/11/1969) y cuando le preguntan lo que recuperaría del pasado afirma: “Me encantaría volver al Barcelona si eso fuera posible”. El Barça gana 1-0 gracias a un gol de Charly Rexach en el minuto 6 de la 2ª parte.



    El 26/9/1970, en el Bernabeu, casi le arranca la cabeza a Pirri en un lance. La Caverna, en forma del Boletin Oficial del Madrid, nº 246 de Noviembre de 1970, se lleva un sobresalto: “¿Esto es fútbol?”, se pregunta. Y se lamenta: “Contra el Madrid, todo vale”.

    En la temporada 1971-72 al Granada ya lo entrena José Iglesias Fernández, Joseíto, ex jugador del Racing y del Madrid. En el eje de la defensa ya forman dupla Pedro Fernández y Aguirre Suárez, Los Cármenes ya es un territorio complicado para cualquier visitante y el equipo andaluz consigue su mejor clasificación en 1ª división: es sexto y además la aportación de su delantero centro, Porta, lo convierte en máximo goleador de la temporada con 20 goles.

    El origen de todo el pastel, hay que buscarlo en el Bernabeu, la tarde del 12/12/1971, jornada 13. Hay material de sobras en las redes para repasarlo. Sobre la media hora de juego, Fernández y Pirri disputan un balón por las bravas -y nunca mejor dicho- y Amancio, por la espalda, agrede al paraguayo con una patada. A Fernández, ya en el suelo, lo patean a su vez, Pirri y Velázquez que es agredido por el delantero del Granada, Barrios.

    El árbitro, Santana Páez, toma la decisión de expulsar a Amancio y a Fernández, cuando la participación de este último se limita al lance con Pirri. Sale del campo en camilla y rumiando venganza. Todo llegará. Fernández estará un mes y medio de baja y no reaparecerá hasta el 23/1/1972 en partido de Liga contra el Málaga en La Rosaleda.

    En la tarde del 28/10/1973 se produce en el Nou Camp el debut en partido oficial de Johan Cruyff. El OK de la federación holandesa había llegado 24 horas antes. Llega un Granada que vuelve a dirigir Joseíto tras una frustrante etapa en el Córdoba buscando un ascenso que no llegó. El equipo andaluz ya ha cimentado una sólida fama especialmente en Los Cármenes, donde juega al límite.

    Viene sin Aguirre Suárez, lesionado, pero con Fernández y Montero Castillo quienes durante todo el partido se dedican a perseguir al profeta por todo el campo. Pero el profeta del otoño de 1973, todavía es mucho profeta y para cazarlo hace falta algo más que la intención, que la hay. El Granada cae 4-0 y el futbolista holandés consigue dos goles.










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    UNA DE ANGELITOS (y 2)

    En la 2ª vuelta, el Barça debe rendir visita al Granada el 10/3/1974. A esas alturas de la Liga (jornada 25 sobre 34) el título ya está prácticamente conseguido (*) y el partido desata la intranquilidad entre el barcelonismo. Las proezas del Granada en Los Cármenes ya están en el hall of fame y los damnificados, bastantes. Y si además de damnificado, no dispones de altavoz, peor que peor. Como el Español.

    (*) El Barça sumaba 38 puntos, el Atlético de Madrid, 31 y el Athletic, 29.

    El 6/1/1974, el Español visita Los Cármenes. Vuelve con medio equipo lesionado. Pedro Fernández agrede al blanquiazul Juan María y le caen 4 partidos de sanción. José Emilio Santamaría, su entrenador, se sube por las paredes: “El que pisaba el área local corría el riesgo de salir en camilla. De medio campo hacía atrás en vez de jugadores había cuchillos” (El Noticiero Universal, 7/1/1974). El Español forma parte del numeroso grupo de los que no tienen altavoz. Meses atrás en Sarriá (11/3/1973) y en partido correspondiente a la Liga 1972-73, el Granada le organiza una gresca de mucho cuidado en el último partido oficial que disputo el guardameta Ñito, con el equipo andaluz, quien acabó agrediendo de un puñetazo al españolista, José María, partiéndole los dos labios. Fue suspendido por 4 partidos.

    El solo hecho de que el ya idolatrado profeta tuviera que manejarse en aquella extraña e infernal ratonera (según el Anuario Deportivo Dinámico 1973-74 Los Cármenes tenía unas medidas de 114 x 80, las más grandes de España con diferencia), con un público absolutamente hostíl y muy cerca del terreno de juego, especialmente detrás de las porterías, provoca ataques de ansiedad. Incluso se llega a contemplar el presionar a Michels para que el profeta no sea alineado, rememorando la caza y captura del partido de la 1ª vuelta, pero ello es desechado fulminantemente. De todas formas, no habrá problema porque el holandés, que no es tonto, y como si de un ensayo para la temporada 1974-75 en campo contrario se tratara, se inhibe del partido especialmente en la 2ª parte. Los problemas llegaron por otras vías …



    Los Cármenes, en aquella tarde del 10/3/1974, registra el lleno de su historia con una recaudación record de 7 millones y medio de pesetas. El Granada, al completo con todas sus figuras más mediáticas o sea: Izcoa; Toni, Aguirre Suárez, Fernández, Falito, Montero Castillo, Jaén, Castellanos, Lorenzo, Echecopar y Quílez (Porta). El Barça sale con Mora; Rife, Torres, De la Cruz, Costas, Juan Carlos, Rexach, Asensi, Cruyff, Sotil (Juanito) y Marcial. Arbitra el murciano Franco Martínez que encabrona a partes iguales a los dos equipos y a un público que convierte el partido en un espectáculo lamentable. Los extractos están tomados de la crónica de José Antonio Loren de El Noticiero Universal (11/3/1974) bajo los titulares: “ARBITRAJE Y AMBIENTE A LA ITALIANA” (?) “Al Barcelona no le dejó jugar el Granada en el 1er tiempo y luego los azulgrana aceptaron la igualada”.

    “Por lo que respecta al partido, tuvo muchas cosas menos fútbol. En cuanto al ambiente, la pasión alimentada y enfebrecida durante los días anteriores tuvo y mantuvo su condición de estallido”.

    La jugada clave del partido se produce en el minuto 3, cuando Franco Martínez señala un penalty de Aguirre Suárez y Fernández que se precipitan sobre Marcial dentro del área.

    “Al ejecutar el castigo Rexach y convertirlo en gol, el árbitro anuló la acción, porque en el área había una almohadilla con lo que venía a beneficiar al infractor. Dentro del apasionado ambiente, Rexach lanzó mal la repetición y el guardameta Izcoa blocó el esférico”.

    A los 7 minutos, marca el Granada (Quílez) y a los 20 y 26 minutos se señalan dos fueras de juego a Echecopar y Jaén que se empeñan en acabar la jugada marcando unos inexistentes goles y la temperatura en Los Cármenes, se va disparando. A la media hora, Echecopar no marca el segundo de milagro y Pedro Fernández no ve la tarjeta blanca (entonces eran blancas) cuando agarra al profeta por el cuello. El Barça, tras el frustrado penalty, ha desaparecido de escena.

    “En la continuación también se marcó pronto. Fue a los cinco minutos. Un “out” abierto sobre el área granadina, lo alcanza Sotil, quien cedió el balón hacia atrás a Asensi, y este lo desplazó en corto hacia Juan Carlos, quien conectó un disparo durísimo por alto, al ángulo izquierdo del marco local en una jugada en la que contabilicé a nueve jugadores andaluces dentro del área”.

    Y el Barça mínimamente despierta y en el minuto 11, Sotil no controla un balón que probablemente habría sido mortal. Tampoco hay tarjeta para Aguirre Suárez cuando le lanza un codazo a Asensi y si la hubo minutos después por simplemente incurrir en falta. ¿Reiteración? Hacía rato que el árbitro navegaba.

    Apuros para el Barça en el ´24 como consecuencia de un choque entre Toni Torres y Mora y en el ´34 es el profeta el que no sabe resolver una asistencia de Sotil que pudo significar el triunfo. “El holandés, de una forma inexplicable, tocó mal la pelota desplazándola lejos del marco”.

    A seis minutos del final se produce la jugada que desencadena el escándalo. Volvemos a la crónica de José Antonio Loren:

    “Y la explosión se produjo en el minuto 38, en un gol bien anulado al conjunto granadino. Parece increíble, por muy fanático que se sea, que el público de aquél sector no quisiera ver como Montero Castillo desplazó el balón con el antebrazo izquierdo antes de chutar y marcar. El show alcanzó proporciones extraordinarias a través de un diluvio de almohadillas con el partido detenido más de tres minutos. Antes había hecho repetir un penalty porque había una almohadilla en el área, ahora autorizaba la continuación del juego cuando las almohadillas caían a docenas por todas partes”.

    “Cuando el partido iba ya hacia su final, el colegiado se acercó lo más posible al túnel, indicó su finalización y salió corriendo … lo que también tuvieron que hacer los jugadores ante la masiva invasión del terreno de juego (*) pero esta vez con menos simpatía. Incluso un empleado del Granada insultó a un juez de línea y la pronta intervención de entrenadores (?) y directivos impidió que el tumulto pasara a más y que solo se quedara en palabrería y algún que otro empujón”.

    (*) Ya fue invadido en los prolegómenos del partido cuando el Barça saltó al terreno de juego. Chicos y no tan chicos.




    José Antonio Loren califica el partido del Barça, de extraño. Y lanza una andanada contra el profeta: “… por ese temor a la lesión que no se justificó, Cruyff se situó en posición de ala izquierda, pero la función del ataque azulgrana se vio mermada y limitaba sus posibilidades a muy aisladas acciones individuales. Pero la posición de Cruyff se presta a la divergencia y acaso a la polémica. Porque si, como en Murcia y en Sarriá, se situó a un lado para evitar posibles riesgos de lesión, no es menos cierto que tampoco quieran o deban arriesgar sus compañeros”.

    Tras el partido, los nervios se apoderan de los vestuarios de Los Cármenes. La Fuerza Pública protege al árbitro Franco Martínez que tardará una hora en abandonar el recinto y lo hará dentro de un coche de Policía. Los jugadores del Barça no van a hacer declaraciones porque según José María Minguella, entonces empleado del club, se había atacado su buen nombre y para evitar más complicaciones, lo mejor era no hablar. Los jugadores del Granada si hacen declaraciones y se despachan a gusto. Todos ellos recibieron la prima como si hubieran vencido.

    Michels, breve y de malhumor: “El público ha sido el culpable de los nervios que han existido en el campo con el lanzamiento de almohadillas. Eso también nos ha perjudicado porque una de ellas obligo a repetir el penalty y ya no se marcó. No ha habido fútbol y sí mucha dureza”. Y defiende al profeta: “El Granada usa todas las armas a su alcance y Cruyff tenía la intención de salir íntegro de este partido, por eso no lo han visto jugar”. Y envía un viaje de cuidado al equipo andaluz: “El Granada solo hizo un partido de entrega total y no podía alcanzar nada más porque tampoco saben más” , y remata: “En los graderíos solo querían sangre”.

    El míster del Granada, Joseíto, es de lo más divertido. Aparece antes que Marinus Michels, casi coincidiendo con el tinglado que se organiza en el post partido. No se deja nada. Textual: “El Granada consiguió marcar tres goles aunque solo se haya contabilizado uno. Nadie puede negar que uno fue en un discutible fuera de juego y el de Montero Castillo, que el árbitro anuló por una mano que nadie vio salvo él que era quien mandaba en el campo”.

    Le preguntan sobre el penalty: “Marcial parece que cayó solo porque obstrucción no hubo. Menos mal que una bendita almohadilla hizo que tuviera que repetirse”. Y extrañamente aplica el sentido común: “No comprendo que anule el primer lanzamiento del penalty de Rexach por una almohadilla y que dejara jugar los últimos minutos con cientos de ellas sobre el campo”.

    Al final, la deja ir también: “Al Barcelona lo hemos dominado y sujetado bien en muchas ocasiones. Pero todo se ha echado a perder por todas esas influencias que parecen tener los equipos grandes”.

    Juan Manuel Asensi, que no se caracterizó jamás por sus declaraciones aparatosas, mete cucharada en el cocido dos días después: Aguirre Suárez me dio un puñetazo sin balón. Y a Sotil también le dieron una patada sin balón. En cuanto cualquiera de nosotros pisábamos el área nos echaban a patadas. Hay que armarse de valor para ir a jugar allí. Es como ir a la guerra”.

    A todo esto, el campeonato siguió su lógico curso y el Barça, como estaba cantado, se proclamaría campeón cuatro jornadas después -a 5 todavía del final-, en El Molinón, en inolvidable partido contra el Sporting. El Granada iba a repetir su espléndida clasificación de la temporada 1971-72: otra vez sexto. Además, se permite el lujo de ganar en el Bernabeu, 0-1 (20/1/1974). Los mejores años de su vida, sin duda. Era un bloque formidablemente preparado en lo físico, muy difícil de combatir y con gotas de cierta calidad. Pero la violencia y la intimidación que desprendía su línea de contención, eclipsaba todo lo positivo que tenía aquél equipo que siempre sería recordado justamente por eso.

    Y lo peor estaba por llegar. El sorteo de la Copa enfrenta en cuartos de final al Granada y al Madrid. Se ha dicho y escrito que desde que Fernández salió en camilla del Bernabeu, ni Amancio ni él habían coincidido en ningún enfrentamiento entre los dos equipos hasta la tarde del 8/6/1974 en Los Cármenes. Eso no es cierto. Coincidieron una vez en la jornada 6 (7/10/1972) de la Liga 1972-73 en el Bernebeu, diez meses después de la primera movida. Si es verdad que Amancio no pisó, por los motivos que fueran, el campo del Granada en Liga en las tres visitas posteriores al incidente de Diciembre de 1971.

    Lo hará por fin, en aquella tarde de Junio en Los Cármenes. Al cuarto de hora, Vicente del Bosque en la zona de creación envía la pelota hacia Amancio que está en banda derecha y se proyecta en diagonal hacia la frontal de área. Es entonces cuando surge Pedro Fernández con el pie derecho en alto golpeando por encima de la rodilla derecha de Amancio. Atroz. Debió ser detenido en aquél momento por la policía. Lo esperpéntico es que la jugada sigue y acaba en un gol de Santillana que no sube al marcador porque el árbitro, Oliva Fortuny, ha señalado antes la salvaje falta del paraguayo al que ni siquiera amonesta. Santillana todavía no sabe que a su compañero le han dejado la pierna colgando.

    Del Noticiero Universal, 9/6/1974:




    Por mucho que la agresión de Amancio a Fernández en su día fuera además de cobarde, miserable, la vendetta que se tomó el paraguayo fue delictiva. “Tuve suerte de que no me matara. Me dio en el hueso más duro que tenemos, el fémur. Si me da un poco más abajo o me rompe la pierna o me convierte en un eunuco”. Pag.292, El Mundo Historia del Fútbol Español, 1994.

    Por primera vez, el Comité de Competición utiliza las imágenes de TV para emitir un fallo. Unas imágenes que todos los informativos, en su sección de deportes, repiten tarde y noche. El Granada y Fernández están sentenciados. Solo resta comprobar la magnitud del castigo.

    El Mundo Deportivo, 12/6/1974:




    “Suspensión por 15 partidos a Fernández Cantero (Granada) por lesionar a un contrario con agresión, causándole un taño de tal gravedad que le impidió proseguir el juego, según certificación facultativa y concurriendo la circunstancia agravante muy cualificada de reincidencia, por la comisión de un hecho de análoga naturaleza en el transcurso de la presente temporada. Imponer multa de 30.000 pesetas al entrenador del Granada CF, señor Iglesias Fernández, por haber sido suspendido por segunda vez en la temporada su jugador Fernández Cantero. Dar cuenta al Comité Nacional de Arbitros en relación con la actuación del colegiado que dirigió el encuentro Granada-Madrid, por si la estimara sancionable en el orden técnico”.

    Amancio, a las puertas del quirófano, derrumbado por el dolor y la preocupación: “El balón rodaba por el suelo y Fernández me pegó justo encima de la rodilla. Fue a cazarme”. Irrebatible. Santillana se encarga de recordar que él salió lesionado en esa misma temporada en partido de Liga a causa de un codazo de Aguirre Suárez y Pirri, indignado le acusa (a Fernández) de albergar siempre la peor intención. Touriño hace un remedo de los comentarios de Asensi en lo que respecta que ir a Granada es jugarse la vida y Manolo Velázquez, el interior madridista, tiene unas palabras muy en caliente en los vestuarios de Los Cármenes con el entrenador del equipo andaluz, Joseíto: “¡Que bajo has caído!”, refiriéndose a consentir en tener a un jugador como Fernández. El altavoz ya no se detendrá y el presidente del Granada, Cándido Gómez, don Candi, no ayuda lo más mínimo con unas declaraciones que, como mínimo, se podrían catalogar como de provocadoras:

    “Nos sentimos orgullosos de contar con un jugador como Fernández. No alcanzo a explicarme como han podido aplicar una sanción tan extrema por un hecho que somos los primeros en lamentar; pero que no ha sido más que un lance propio del fútbol. Fernández está muy apenado. Es un jugador más aparatoso que intencionado, incapaz de hacer daño a nadie premeditadamente”.



    Amancio volvió a jugar al fútbol. Y mucho antes de lo que se esperaba. Reapareció 4 meses después en partido de Copa de la UEFA contra el Austria de Viena en el Bernabeu. Tiene ya 35 años y se retirará al finalizar la temporada 1975-76.

    Fernández cumplió los 15 partidos de sanción pero quedó estigmatizado, como su equipo. La impunidad acabó de forma radical cuando tocaron a la Iglesia. Volvió a jugar el 5/1/1975, jornada 15 de Liga ante el Valencia en Los Cármenes. Ya no están ni Aguirre Suárez que ha recalado en el Salamanca para jugar solo 3 partidos y regresar a su país, ni tampoco Jaén, que ha firmado con el Sevilla. El Granada, suelta lastre para lavar imagen y se salva del descenso de milagro; empatado a puntos con el Málaga pero con mejor goal-average. Joseíto dejará de entrenarlo cuando acaba la temporada y con él se va, a pesar de todo, el mejor ciclo en la historia del club andaluz.

    La mitad oscura de Fernández le vuelve a jugar una mala pasada, ahora en partido de Copa en el Vicente Calderón (8/6/1975). Agrede al atlético Capón otro de los angelitos de la época con los que también contaba el Atlético de Madrid (*). 3 partidos de suspensión que cumplirá en las primeras jornadas de la Liga siguiente.

    (*) También formaba parte del equipo madrileño el argentino Panadero Díaz, uno más de la serie de oriundos que inundaron el fútbol español en los primeros ’70. Famoso por las salvajadas cometidas en la persona del extremo del Celtic, Jimmy Johnstone, tanto en la final de la Intercontinental de 1967 cuando militaba en el Racing de Avellaneda, como en una semifinal de la Copa de Europa en el Celtic Park en 1974 ya como jugador del Atlético.

    La 2ª vuelta del Granada en la temporada 1975-76 -entrenado por Miguel Muñóz- es tan caótica que lo acaba pagando con el descenso. Pierde los últimos seis partidos y la muerte está anunciada. El club se precipita en una oscura e inacabable etapa con incidencias de todo tipo, tanto deportivas como económicas, padeciendo incluso un descenso administrativo a 3ª división en el 2003. Consigue ascender a 1ª división 45 años después en función de una dramática promoción con el Elche (18/6/2011).




    Los dos últimos partidos de Pedro Fernández en el Nou Camp: contra el FC Barcelona (5/10/1975), victoria local 3-0 y contra el Barça Atl. (11/9/1976): 0-0. En ambas imágenes, es inconfundible.

    Pedro Fernández, eso sí, es el futbolista con más temporadas y participaciones de la historia del Granada CF. Jugó su último partido ya en 2ª división el 19/2/1978 en Los Cármenes contra el Real Oviedo con victoria 3-2. Ingresa en el campo en el minuto 79 pero aún tiene tiempo de recibir una tarjeta.

    Las estadísticas (web BDFútbol) hablan de 218 partidos oficiales con el Granada y 5 goles. Su identificación con la ciudad es tal que fija ahí su residencia. A lo largo de todos estos años transcurridos, le han recordado en infinidad de veces su agresión a Amancio y la violencia empleada por aquél Granada, “… cosa que me duele”, se lamenta.

    Claro que todo es según el prisma con el que se mira el asunto. Granada hoy.com Deportes , en entrevista a Pedro Fernández el 15/8/2011. El autor es Enrique Abuín y del párrafo de introducción se puede entresacar: “Tuvo el infortunio de lesionar a Amancio”. Vaya por Dios. Y Fernández (EL PAIS, 20/6/2011), declara “No nos comíamos a los niños”. Cierto.

    Fuentes:

    Hemeroteca de El Mundo Deportivo y La Vanguardia.
    El Noticiero Universal
    Historia del Granada CF (1931-2010), Jose Luis Entrala y José Luis Ramos Torres (2014).
    Blogspot 5000 y un Ramos (28/7/2008). Fernández: Pasará el balón pero no el hombre (José Luis Ramos Torres).
    Blogspot 5000 y un Ramos de José Luis Ramos Torres: Aguirre Suárez, el cirujano (4/9/2013) y “El negro” Aguirre Suárez (25/5/2008)
    EL PAIS Deportes: Tres jugadores a la cárcel por bárbaros (20/12/2017).
    Web BDFútbol
    Anuario Deportivo Dinámico.







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    KUBALA, RIVER Y LA ESCUELA DE FUTBOLISTAS



    Este es el resumen de un serial que se prolongó durante cuatro meses, desde Febrero a Mayo de 1961. Hay algún párrafo referido especialmente a las condiciones que pone River representado por su presidente, Antonio Liberti (*), que no se sostiene ni de broma; de hecho: todo el affaire no se aguanta y solo fue posible que naciera y se desarrollara porque el entorno del Barça era absolutamente convulso en aquellos cuatro meses de 1961, en los que el club se quedó sin presidente, con una situación económica agravada hasta el pánico, además de perder la final de la Copa de Europa y tener que vender a su jugador con más futuro y máxima estrella (Suárez) para poder coger un poco de aire.

    (*) Presidente de River en cuatro etapas diferentes. El Monumental lleva su nombre en homenaje al gordo.

    El Mundo Deportivo, 11/2/1961:

    Don Antonio Liberti, presidente de River Plate, se encuentra en Barcelona a principios de Febrero de 1961 con el firme propósito de contratar a Kubala para el equipo millonario.

    La entrevista la realizamos ayer (el periodista que sigue este asunto es Vicente Esquiroz) en la Plaza Calvo Sotelo, en presencia de Kubala y también de Medrano (*), otro jugador que con toda seguridad irá al club argentino.

    (*) Carlos Domingo Medrano Lazcano era un guardameta argentino que militó en el Barça desde 1959 a 1961 y procedía de Argentinos Juniors. Eterno suplente de un Ramallets todavía útil.- Kubala ¿es ya jugador de River?

    - Estamos de acuerdo con el jugador. También en todo con el club menos en un detalle importante. El River Plate debe contar con Kubala para el mes próximo, que empieza el campeonato de Argentina. Y el Barcelona lo quiere para la Copa de Europa. Naturalmente, estamos tratando la solución de este problema.

    -
    ¿Existe esa solución por parte de River Plate?

    - Sí; River dejaría jugar a Kubala los partidos que hicieran falta para la Copa de Europa, aunque incorporado al River Plate para los partidos de competición argentina.

    - Aparte de Kubala ¿se llevará otros jugadores del Barcelona?

    - Eso hemos de tratarlo con la directiva. Estos días quedará todo puntualizado.

    Esquiroz, apunta posteriormente que además de Kubala y Medrano se llevarían a Villaverde.


    MD, 15/2/1961

    - Las negociaciones llevadas a cabo estos días por el presidente del River Plate, don Antonio Liberti, con el C. de F. Barcelona a través de su presidente, don Francisco Miró Sans (*) y el jugador Kubala, han llegado a su fín. Desde luego, don Antonio Liberti ha desistido de llevarse a Kubala el mes próximo dejando la cosa para cuando el Barcelona haya terminado su actuación en la Copa de Europa, tal y como se había acordado en principio.

    (*) Miró Sans dimitió el 28 de Febrero de 1961.

    - Ha quedado descartado totalmente el fichaje de Ramón Alberto Villaverde para el club argentino, aunque es posible que el guardameta Medrano, a última hora acompañe a Kubala en el River Plate.

    - Lo que si es cierto es que Kubala no dejará al Barcelona hasta que termine le Copa de Europa y que, además, le veremos actuar en Barcelona con el equipo argentino el próximo mes de Junio.


    MD, 11/3/1961

    - ... el secretario general de la Real Federación Española de Fútbol, don Andrés Ramírez, en conversación particular con una destacada personalidad del fútbol barcelonés le manifestó que la baja que tiene Kubala no es válida porque precisa de un curso legal que no ha sido cumplimentado.

    - ... hablamos ayer con el jugador barcelonista, el cual nos manifestó que la baja que le fue firmada por el ex presidente don Francisco Miró Sans tiene el refrendo de la Federación Catalana de Fútbol que lo comunicará a la Nacional ...

    - ... el actual presidente, don Antonio Juliá de Capmany, dijo que a Kubala no se le había echado ni mucho menos, sino que contrariamente a los deseos de todos los directivos, pero deseando compensar los servicios del gran jugador y aún facilitarle su labor futura como entrenador, a petición insistente de Kubala, se le había concedido la baja.

    MD, 22/3/1961:


    MD, 21/4/1961:


    MD, 27/5/1961:


    Sin pretenderlo -¡lo que son las cosas!- obtuvimos ayer en el Gran Estadio, a través de Kubala, una información que a buen seguro va a alegrar a la gran masa que arrastra el ídolo azulgrana.

    Mientras como de costumbre, Angel Mur lo masajeaba, le preguntamos:

    -¿Es cierto que te has entrevistado con el señor Llaudet?

    (Enrique Llaudet se proclamaría presidente del FCB el 7 de Junio de 1961).

    -Sí, es cierto. Por qué negar la verdad.

    Maquinalmente, casi sin interés alguno, volvimos a preguntar:

    -¿Podemos saber lo que hablasteis?

    Y sorprendiéndonos, Kubala contestó:

    - Sí. Hablamos sobre la futura Escuela de Futbolistas del Barcelona. El señor Llaudet siente un especial apego por la cantera catalana. Quiere que dentro de lo posible, el equipo del Barcelona lo formen muchachos formados dentro del estilo y disciplina del club. Me dijo que había pensado en mí para llevar la dirección de la escuela.

    - ... me gustó la idea y la he acogido con gran cariño. Como yo, el señor Llaudet estima que Cataluña es una magnífica cantera de futbolistas y trabajándolo con amor, con ilusión y con cariño, se podrían sacar al menos un par de jugadores cada año. Pero es una labor muy larga. Imagínate, hay que empezar con muchachos de doce años.

    - ... tengo en estudio aceptar el cargo sin olvidar que tengo el compromiso con River que debería romper sin poner en entredicho mi formalidad ...

    - ... la escuela supondría el fin de mi actividad futbolística. No podría compaginar las dos funciones. Lo haría a gusto estando en el Barcelona y yo, agradecido, me siento más vinculado que nunca a esta tierra ...

    Epílogo: MD, 7/6/1961:












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    A LAS 4, LECCION DE FUTBOL

    No era una mala idea, sino todo lo contrario. ¿Quién mejor que Kubala para abrir una escuela de futbolistas? Era uno de los puntos importantes del programa electoral de Enrique Llaudet que se dispuso a cumplir cuando el 7 de Junio de 1961 se convirtió en el 28º presidente del FC Barcelona, poco más de una semana después de la desdichada final de la Copa de Europa de Berna, de la marcha de Luisito Suárez al Inter y del anuncio de la retirada de Ramallets y del mismo Laszy, que ya dejó entrever meses antes.




    Bajo el título: KUBALA HA ABIERTO ESCUELA PARA FORJAR A LOS FUTUROS ASES el número 305 de la revista Barça correspondiente al 5 de Octubre de 1961, relata una tarde en la escuela.

    A LAS CUATRO, LECCIÓN DE FÚTBOL, es el título del reportaje de Manuel Ibáñez Escofet y Saenz Guerrero que se lleva a cabo en el viejo campo de la España Industrial y del que se extraen los siguientes párrafos:

    ... si Kubala como jugador en activo, fue siempre un espectáculo, lo es también como entrenador. Su aún maravillosa juventud, su envidiable vigor físico, su fabuloso vastísimo conocimiento del fútbol y su afición inagotable, convierten a Ladislao Kubala en la más firme esperanza del fútbol catalán y, concretamente, del Barcelona.

    ... acabamos de ver un entreno con los juveniles azulgranas. Muchachos de 15 a 17 años elegidos entre una multitud de aspirantes que ofrecen posibilidades, que asoman maneras desde la barandilla de su adolescencia. Una cantera auténtica, mucho más efectiva y práctica que la que se nutre en la calle.

    ... viendo el entreno que dirige Kubala con Flotats (*) a su lado, hemos comprendido la diferencia entre una enseñanza superior y la que se obtiene con los propios esfuerzos y recursos. Todo está meditado para obtener los mejores resultados, sin prisa, pero con una tremenda eficacia.

    (*) Isidro Flotats, jugador del Barça desde 1952 a 1960.




    Y Laszy declara entre otras cosas:

    ... se vigila en primer lugar su desarrollo físico. Están en una edad delicada en que la naturaleza debe ser tratada con cuidado. Después se trata la técnica, el dominio del balón y del juego y se orienta su inteligencia futbolística.

    ... el problema lo tenemos con el trabajo o con los estudios que impiden la continuidad de esta labor.

    ... terminado el entreno, tenemos sesión de cine. Pasaremos la película íntegra de la final de la Copa de Europa, Barcelona-Benfica . La comento y voy explicando las buenas jugadas, los fallos y las situaciones sobre el campo.

    Al habla Flotats:

    ... cada semana probamos a catorce o quince aspirantes. Hay muchos recomendados acompañados de la convicción de que se trata de un pequeño fenómeno.





    Bien; retórica florida aparte -“Las ilusiones de los 15 años ya tienen un camino”- y optimismos desmesurados -“Se podrían sacar al menos un par de jugadores cada año”, según Laszy - la escuela de futbolistas tuvo una vida efímera.




    Un mes y medio después de este reportaje, Kubala se proyectaba al banquillo blaugrana a causa de los malos resultados del entrenador Luis Miró, algo tan esperado y evidente como que el sol sale cada día. La escuela quedó paralizada y cuando Laszy fue cesado, el 8 de Enero de 1963, hacía tiempo que aquél proyecto se había ido al limbo de los justos, como tantos de aquella época. En el momento en el que ficha por el Español (5/9/1963), de la escuela no se acuerda ni Llaudet, porque el mito ya había pasado directamente a la categoría de proscrito.







 

 
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